sábado, 30 de julio de 2011

Tomate, verdura y obsesión por la muerte

Me encuentro ahora en lo conocido como el sur de Sulawesi, lo cual es bastante gracioso si nos fijamos en el mapa, puesto que la región “geográfica” sur de Sulawesi está dividida por una larga manga de mar, que separa una parte y la otra de la isla, con el resultado de una especie de dos penínsulas que formarían un sur insular. Y a península de la izquierda, donde está Makasar, la llamamos el sur de Sulawesi, y parece como si la parte derecha, que está a la misma altura que la izquierda, fuera más Sulawesi central. Es quizá uno de esos ejemplos de Foucault, cuando hablaba sobre categorizaciones y cómo estas son más sociales que muchas veces “lógicas” -pese a que una suerte de lógica unitaria no exista fácticamente.
Sulawesi ha sido el escenario, durante un periodo que iría desde el final de los años ochenta hasta el 2006, cuando el gobierno trató de poner un poco de orden, de convulsos enfrentamientos entre diversos grupos opositores: los unos cristianos, los otros musulmanes. La teoría que más se acerca a dar una explicación, según mi punto de vista, es el hecho del pasaje de un orden social fundado en el cristianismo, a otro en donde el gobierno, como ya os explicaba en Papúa, hizo emigrar muchos musulmanes a la zona. Estos pasajes son desestabilizadores en todas las sociedades y aquí sucedieron ante todo con el gobierno de Suharto. La colonización por nacimientos tiene diversos precedentes en la historia, como cuando los judíos anunciaban que había que retomar tierra santa volviendo a vivir en lo que era antes Palestina y consiguieron “judaizar” el país. El caso es que no me extraña que si indonesia quiere ser un país, pretenda la ardua labor de cohesión de sus territorios. Para que no se sucedan movimientos independentistas, debe haber alguna o varias razones que unan y por las que las gentes se sientan integradas a esas comunidades imaginadas que son los países y no luchen por la desunión. La religión es un gran dispositivo de unificación de los países, como lo demostró el siglo IV romano cuando declaró la católica religión oficial del Imperio, renunciando al resto de confesiones e incluso persiguiéndolas. Roma consiguió gracias a ello orden y perdurar unos cuantos siglos más. En fin, las cuestiones de cohesión, de integración, son verdaderamente difíciles en cualquier lugar, y un extenso y tan diverso país como Indonesia, donde la lema nacional es “unión en la diferencia”, podemos imaginar las dificultades de unir este sagradamente bello y diverso país.
Estoy ahora en Rantepao, en lo conocido como la región de Tana Toraja, y creo yo percibir una gran obsesión por la muerte en estos contornos: se llenan las cuevas de tumbas, se exhiben calaveras en las entradas de las cuevas, cementerios donde las tumbas están hechas a partir de menhires, del tipo de Asterix y Obelix pero más alargados, menos redondos, hay un montón de cementerios muy distintos cada uno de los otros y se hacen unos funerales muy espectaculares, donde incluso las familias más pobres se endeudan para comprar cerdos y búfalos que serán sacrificados en ofrendas a los dioses y comidos por los más de cien o dos cientos asistentes al funeral, que no siempre son los familiares más cercanos o ni siquiera amigos. Puede participar prácticamente quién quiera, y claro, esto se llena de turistas.
Desde el día en que llegué aquí, tomando un detestable autobús nocturno desde Makasar, por una carretera en obras y en un trayecto que duraba unas ocho horas difíciles de dormir, encontré a Maurine, una suiza con la que ando viajando ahora. Fui con ella al primer día de funerales, a los que ellos en su lengua y no significando lo mismo que en la nuestra, llaman tomate. Me gusta estar con Maurine, porque huye como yo de las mareas de turistas, trata de sobretodo aproximarse a los locales y no a los europeos, y además tiene humor. El primer día de funerales, conseguimos ser invitados a una casa para ver el espectáculo, que estaba en lo alto y donde no había ni un solo turista, y del hecho de estar solos y honrar su desdicha creo que nos ofrecieron comer con ellos: arroz con cerdo recién sacrificado. También nos invitaron luego otro grupo de asistentes al funeral, a vino de palma, que es demasiado dulce, aunque se le coge el gustito y si no paras, acabas tontorrón.
Durante el funeral, se hacían distintos ritos, como que la familia principal del muerto salga en medio con camisas azules todos, los hombres, y hagan una especie de canto así como muy grave, como de siglos anteriores, como llamando a fuerzas inexistentes. Más tarde las mujeres llegaban y se metían en una casa, todas en fila india, de dos en dos y entonces los hombres se metían también en la casa. Había otras mujeres vestidas muy coloridamente, con una especie de espadas colgadas de la cintura, de las que desconozco su función, estaban muy guapas, y también una especie de chamán, con un escudo, vestido con pantalones y camisa de rayas de diversos tonos rojos, y el mismo tipo de espada, bailando todo el rato.
Fuimos también ayer a una de esas cuevas donde se entierran cientos y cientos de cadáveres, y nos dimos cuenta al llegar, que había que traer lámpara para entrar a la cueva, que estaba anunciada con verdaderas calaveras humanas, así que como no tenía y yo quería entrar, nos adentramos unos 50 metros por las retorcidas galerías, llenas de huesos y calaveras, que pese a no ser experto en geología diría que hizo el agua, y en donde estaba muy y muy oscuro, con la sola luz de mi cámara puesta del revés, mostrando alguna fotografía clara, que me diera luz. La cámara se apagaba cada dos minutos, y a mi me encantaba, porque estábamos rodeados de tumbas de muertos, de esqueletos de calveras y con tan poca luz y que encima se apagaba, que yo tenía una sensación tétrica, de vacío, de soledad, verdaderamente interesante. Ya sabéis que me encanta vivir sensaciones, por el mero hecho de vivirlas, aunque bueno, al fin y al cabo, pese a todas la mitologías que rodean a la muerte, los muertos, muertos están y a decir verdad, yo tenía más miedo de encontrar alguna serpiente, que de esos cuerpos inanimados, pero la sensación era bastante interesante.
Esta mañana alquilamos una moto, y nos fuimos otra vez los dos a ver los pueblos cercanos, y ha sido seguramente uno de los mejores paseos en moto que me he pegado en mi vida. Esto está llena de bancales de arroz verdes, de gente que trabaja los campos de arroz, de tumbas en mitad de los campos. Y luego hay también las casas tradicionales torajas, que están elevadas del suelo unos dos metros, con anchos pilares redondos de madera, donde dentro hay normalmente dos habitaciones para dormir y un comedor y están decoradas con gravados muy costosos de hacer. Hacer una casa aquí es de un arte y una técnica muy complicados, además también porque tienen unos tejados muy extraños también, que no sabría describir, parecen un barco invertido. Hay también juegos de imágenes muy curiosos, como encontrar, por ejemplo al lado de estas casas enclavadas en paisajes selváticos, solitarios, parabólicas y gente que ve la televisión. Si a todo eso sumamos las grandes sonrisas que los Torajanos nos ofrecen siempre a nuestro paso, su amabilidad y curiosidad sana, y el restaurante al que voy a cenar cada noche, y que cada una de esas noches me sorprende con mejores y mejores platos, con verduras y frutas que saben no industrialmente, y que están cultivadas en el edén, porque saben realmente a su sabor y no como en Europa, con tomates que no son verdura y una extraña vivencia de la muerte, hacen de este lugar uno de los lugares más interesantes donde he estado, un lugar que mañana seguiré investigando a lomo de la moto que conduzco con Maurine y que está siendo una experiencia fantástica digna de alguien que pretenda hacer de su vida una obra de arte y no la sucesión temporal de un reloj que se quema a cada segundo.

Que comáis mucho tomate, pero para la ensalada ;)

miércoles, 27 de julio de 2011

Tortugas, fiesta y futuro


Es curioso cómo las situaciones cambian en viaje y cómo pasamos, de ciertos momentos generalmente buenos, aunque haya algunos malos, a otros momentos radicalmente distintos, que pueden ser realmente geniales también. Es curioso también cómo nuestros prejuicios, y nuestras falsas percepciones, pueden darnos lecciones de vida, y es curioso también cómo es un momento en que nos planteamos la vida de nuevo, una y otra vez.
Ahora mismo estoy en el aeropuerto de Manado y vengo de la isla Pulau Bunaken, que es un lugar al que se va básicamente a bucear, así que culturalmente no podría decir demasiado aquí sobre los lugareños, excepto que son verdaderamente muy sonrientes, muy agradables. Cada noche se hacen fiestas con alcohol y en el lugar donde yo estaba, había siempre músicos, así que me pasaba las noches tocando la guitarra o algunas percusiones, o incluso en ukelele. Han sido verdaderamente divertidos estos dos días.
Es un lugar realmente paradisíaco. Al llegar, me recordaba un poco los pueblos mediterráneos de mi costa valenciana, con casitas pequeñas, de mar, con ventanas de madera y como muy abiertas al exterior, las puertas abiertas y todo el mundo sonriendo cuando llega el extranjero y usando sus cuatro palabras de inglés “hi, mister”. Gracias Indonesios sonrientes, hacéis que mi viaje sea realmente muy agradable. Por cierto, en lo que acontece al inglés, me lo he trabajado y ahora noto una evolución importante. Es la primera vez que llego a mucho más que decir cuatro cosas, y ya me siento a gusto en inglés, sin tener que esforzarme, me río con las bromas, las cojo rápido. Estoy realmente muy contento de mi evolución, y ahora creo que ya puedo realmente decir que hablo inglés, aunque no lo hable muy bien. Necesito progresar.
En la isla he conocido a un alemán, un tio enorme, un español, más loco que una cabra, y dos eslovenas. Estaba todo el día con ellos y ha sido muy bueno. En el agua he conocido miles de peces, lo mejor ha sido ver tortugas bajo el agua, en mi segunda inmersión vi cinco, incluso una con esos pequeños pececitos que las rodean y que se comen el plancton de su caparazón. En un momento hubieron dos que venían en mi dirección y era realmente muy impresionante. Por lo demás, el buceo aquí es peor que en Sorong, aunque es bonito, pero después de ir a Raja Ampat, todo lo que veas, no te parecerá jamás tan bonito. Vi también, por primera vez en mi vida un ataque subacuático, lo cual es bastante difícil y es obvio que es causa del desconocimiento de algunos. El triger es un pez que pone sus huevos bajo el agua, claro, pero a diferencia de otros peces, los protege, y nunca tienes que acercarte al perímetro en que están sus huevos y si entras y comienza a atacarte, tienes que salir de ahí lo más rápido posible. Yo reconozco fácilmente los triger, y nunca me meto en su perímetro, soy muy precabido con eso, pero es fácil que si sigo buceando, un día me encuentro con alguno de estos peces dándome la bienvenida. Cuando estás en su perímetro, el triger enviste con el morro, tiene un diente muy fuerte, y además, puede morderte también, normalmente pequeñitos mordiscos, pero puede morder grandes bocados también. A una mujer le mordió un triger en un moflete de la cara y le hizo un tajo de 2 centímetros, y a otro, un francés, le dió otro triger, muchos mordisquitos por el cuerpo. Bucear es un deporte de riesgo, todos lo sabemos, pero es que meterse en el agua sin saber que es un triger, es una locura. Normalmente no vas a morir, pero puede hacerte mucho daño y dejarte cicatrices irreversibles. También vi una serpiente, qu eno he identificado aun, blanca y negra, a rayas, y las serpientes de agua, son más venenosas que las de tierra, pero casi nunca morderán a una persona, porque gastan veneno para animales que luego no se pueden comer, no son tontas.
Ahora estoy solo de nuevo, y vuelo en dos horas a Makasar, donde empezó mi viaje, aunque ahora vuelvo conociendo más cosas, sabiendo más sobre los indonesios, que son uno de los mejores pueblos que visité. Y pienso también en mi futuro y en qué hacer mis próximos años. Creo que tengo que buscarme algo para salir de Francia, y estar pagado por ello. A ver si me hago por ejemplo una tesis donde hable sobre el concepto de trabajo quizá en China y me quede por allí unos años aprendiendo Chino y conociendo la sociedad. No sé si estoy hecho para vivir en Europa, me aburre mucho toda esa gente tan seria siempre trabajando y tengo que buscarme algo: una ONG, un doctorado con mi universidad francesa.. hay tantas cosas, y tranquilos que jamás me veréis trabajando de sol a sol en algún trabajo de mierda, nací para algo mejor.
Ahora estoy solo, y es cierto que estar solo en viaje es extraño, pero sólo tienes que preguntar algo a alguien que vaya solo y dejas de estarlo, porque la gente busca estar con gente, y hay tantas buenas experiencias y gente que encuentro. Este viaje está siendo formidable, un poco caro por los vuelos. Espero que siga siéndolo. Dentro de dos horas estoy en Makasar, y quiero coger un autobús nocturno para ir a Tana Toraja, y asistir a unos entierros rituales, muy interesantes, que se hacen siempre en estación seca, es decir; ahora, donde se sacrifican animales y quiero hacer un par de trekings por la zona.

Os mando un gran abrazo, hablamos pronto, mis próximos mensajes serán culturales :)

muas muas :)

lunes, 25 de julio de 2011

Paraisos, buceo y adioses

 
Me encuentro ahora mismo en un hotel muy decentillo, que no se pasa para nada y que me ha costado 20 euros por noche. Estoy en Sorong, en donde el nivel de precios es bastante extraño, pues aquí es todo muy caro, exclusivamente porque todo se trae de fuera, en este extremo de la Papúa Indonesia no hay manufacturas.

Vengo de pasar unos cuantos días increíbles en un isla que es casi un paraíso. Es la isla de Krí, y se sitúa a una hora en barca motora desde Waisai, en donde se llega tomando un ferry desde Sorong, como os contaba en mi último post. Nos costó bastante a Santi y a mí estar a gusto en la isla: primero porque costaba mucho tiempo llegar. El primer día tuvimos que dormir en Waisai y al día siguiente llegamos a la isla, pero además, porque se les había roto el filtro para cargar las bombonas de buceo, y no pudimos bucear hasta ayer, aunque eso sí, ha sido una auténtica pasada.

La isla de Krí es el paraíso, incluso en cuanto la luz que llega, al ser una ínsula, las nubes no quedan retenidas y no hay casi lluvia, entonces es fácil que en Sorong diluvie, que en Waisai chispee o nublado y que en la isla de Krí, a sólo una hora de la de Waisai, y adentrándose en el mar, salga un sol radiante, que como digo, parece anunciar el paraíso.

En la isla he visto iguanas grades, de unos 50 cm, y los ermitaños, que me gustan mucho, y que son animalitos que cogen las conchas vacías de crustacios y bien en ellas, pero sobretodo he visto, buceando y haciendo tubo, una cantidad de vida submarina impresionante.

Sorong es un lugar privilegiado en el mundo, dicen que fue el lugar donde nació el coral, y de alguna manera que no entiendo, desde aquí se expandió el coral al mundo, entonces, ya podéis imaginar la enorme variedad de vida marina que se puede encontrar aquí. He visto, bancos de sardinas, una estrella de mar azul, un pez leopardo, pez mariposa, barracudas, e incluso un tiburón gris, que fue el colofón al espectáculo.

Bucear aquí además, es bastante difícil, porque hay corrientes, y no tienes que hacer demasiado, el agua te llevará quieras o no. La primera inmersión duró como media hora y avanzamos como un kilómetro, sin realmente hacer nada, estando quietos. La verdad es que no es tan agradable bucear en corrientes, porque cuando quieres ver algo preciso, no puedes, porque la corriente te lleva. De todas formas, Enzo, mi instructor e contaba que cuanta más corriente hay, más animales hay. No entiendo mucho de esto, así que supongo que tendrá razón.

A parte del submarinismo y la belleza de la isla, he descubierto otra parte más de la belleza de Papúa. En frente de la pequeña isla en la que estábamos hay un poblado y fuimos varios días a visitar, incluso a una misa, pero viendo que eran como las europeas, me he salido rápido. Caminando por el pueblo todo el mundo nos seguía, con una fila de unos diez niños y algún joven, que quería enseñarnos el lugar y conocernos un poco, jóvenes que además, tocaban el ukelele, lo que daba un punto exótico a la visita. Me he dado cuenta también, que en la isla no había mujeres de mi edad en la calle, y al preguntar porqué no me contestaban nunca demasiado bien, pero bueno.

La verdad es que hoy estoy un poco triste, primero porque he dejado esta isla de ensueño, ya que tengo mañana un avión a Manado y en esa isla uno puede quedarse tres meses, pero también por la calidad humana que encontré y que dejé. En la isla conocí a Enzo, mi instructor, que es un abogado italiano que tiene una mujer indonesia viviendo en la isla, muy guapa y va y viene de Europa para poder subsistir, y también encontré la gente de la isla, que es muy simpática, e Ithan también, una simpátiquísima indonesia, que hacía tubo vestida con pañuelo islámico. Tambień he conocido a una danesa y un danés, y al novio del chico, un japonés, que filman documentales, y era realmente muy interesante hablar con ellos. Estaban filmando un documental sobre las matanzas en los años sesenta de grupos de oposición. Aparentemente se mató mucha gente por aquí. Aunque seguramente, por lo que estoy más triste es por haber dejado a Santi, aunque ya teníamos que separarnos y ya tenía ganas yo también de separarme de él, aunque sólo para hacer una parte solo, porque realmente creo que jamás encontré una pareja de viaje con quien me llevara tan bien. Nunca nos hemos levantado la voz, nunca problemas graves, en casi quince días de convivencia viajera y pasándolas canutas muchas veces. Es un tipo que me complementaba muy bien y un tipo muy divertido, y en las peores situaciones, siempre te saca algo divertido y parece que todo sea más fácil. Ha sido encantador viajar con él y seguro que nos vemos más tarde pro Europa. Gracias Santi.

Ahora ando yo solo y me toca afrontar la última parte de mi viaje en esta condición, aunque creo que tras manado, volveré a encontrar muchos viajeros y ya no estaré solo. De todas formas, la gente Indonesia es muy agradable, aunque es cierto que la gente de Sorong es un poco extraña, como más que curiosa, como entrometida. De todas formas, mañana salgo de Papúa, pero me llevo una gran experiencia de aquí, que jamás olvidaré, sólo desearía que el resto del viaje siga siendo tan extremamente maravilloso como ya lo está siendo.



¡Hasta muy pronto, amigachos!

jueves, 21 de julio de 2011

Theys Eluay, el mar de seram y los sueños

Me encuentro en un ferry, camino de Waisai, desde Sorong, estoy en lo que debería de ser la bodega, en un compartimento con un montón de literas verdes, de dos alturas cada una. No hay mucha gente, unas 100 persona más o menos, cuando hay seguramente espacio para unas 300. Delante de mí hay una chica preciosa, de morfología ya muy asiática, y no sabría decir su edad, porque confieso que si ya soy torpe calculando edades, jamás llego a dar con las edades asiáticas, las encuentro a todas jovencísimas. Dejé ya atrás supongo la gran mezcla Papúa-Indonesia, y está claro que conforme más avance en mi viaje estaré cada vez más en Indonesia y menos en Papúa, y ya he podido comprobar que es verdad que son dos países muy distintos, y los dos preciosos, tanto culturalmente como en los rasgos de sus gentes.

Me encuentro cruzando el mar de Seram y ayer estaba en Jayapura y visité la casa de Theys Eluay. Fuimos a visitar su tumba, que es muy fácil de encontrar porque está a la salida del aeropuerto, y que yo encuentro que está puesta ahí a propósito, para que nadie olvide, y sentados sobre la tumba me percaté de que había un grupo de Papúes que creo que siempre están ahí, y que nos recomendaron ir a su casa. Yo les tomé unas fotos, pidiéndoles que levantaran el puño todos, y lo hicieron, e incluso al final se puso un tipo en plan combate con una pala, y a mí me hizo pensar en el germinal de Zola.

A decir verdad, yo esperaba encontrar en la casa del líder independentista, algo así como un museo, una exposición, pero no había nada de eso; había su familia, con unos carteles a favor de la independencia y unas fotos relevantes de la vida de Eluay. Lo veíamos con Koffi Anan en un par, por ejemplo. Era sorprendente ver un personaje tan carismático, una especie de mito entre los Papúes, y ver a su hija, a su mujer, a sus hermanas, que estaban allí y se le parecían mucho y nos hablaban ¿Habría un sustituto a Eluay? ¿La resistencia Papúa acababa en él?

Tuvimos la suerte, por la parte de lo que supone aprender, de que el avión que nos llevaba desde Jayapura a Sorong hacía escala en Timika y pudimos ver por unos segundos, otra de las realidades Papúa: el aeropuerto de Timika es muchísimo más moderno, más limpio y acogedor que los de Jayapura y Sorong, que son respectivamente, la primera y la segunda ciudad de la región. Era impresionante comprobar como para un lugar tan pequeño había un aeropuerto tan grande y tan moderno, y entonces Santi me dijo que el aeropuerto había estado construido por la empresa Freeport. Había una grúa en el exterior que hacía las veces de rotonda, y una ruega gigantesca de ese tipo de grúas que llegan a soportar cargar de siete toneladas, así como unos carteles anunciando que la empresa defiende el ecosistema de animales y de los nativos.

Freeport es una empresa que explota una mina de oro al lado de Timika. Contamina ríos y destruye selva, se lleva todo el oro a Estados Unidos y deja dinero para quién firmó los derechos y poco más. Supone un 2% de la riqueza Indonesia, pero los indonesios tocan muy poco, los Papúes, nada. Resultaba bastante repugnante ver como en el aeropuerto hay carteles explicando que freeport defiende la naturaleza y ayuda a los indígenas, cuando está destruyendo su hábitat. Ha escabado un agujero en la tierra de dimensiones enormes y como cualquier mina de oro, es muy contaminantes, porque debe vertir al agua desechos químicos que la contaminan, materiales que sirven para la extracción y limpieza del oro.

Hubo un atentado no hace tanto, para destruir la máquina que vertía los residuos químicos al río. Y debo decir que la empresa freeport recibe fondos españoles, así como fondos de la mayoría de los más importantes países europeos: somos muy solidarios, internacionalizamos el colonialismo y el capitalismo financiero y nada más!! Hay mucha gente que piensa que la violencia es inútil, y yo lo pienso también generalmente, pero es que venir aquí, extraer el oro de una mina que contamina desastrosamente el hábitat de toda una región donde vive mucha gente, destruir un modo de vida donde antes se vivía de lo que daba la selva, y de hecho, desde el aire este lugar es una fotografía del amazonas, y sin embargo no dar ni un poco de dinero a esta gente, es violencia y no me extraña que los Papúes necesiten devolverla con atentados, porque quién pega segundo, sólo responde a un ataque y para mí, es legítimo.

Ahora me encuentro navegando sobre el mar de Seram, y jamás pensé que haría esto, jamás supe ni siquiera, de la existencia de este mar, y ayer estaba en Jayapura, y caminaba por las calles de Sentani, y descubría que estos Papúes son francamente geniales. Siempre con sus sonrisas, siempre muy curiosos, siempre muy amables y he descubierto que de esta parte de Papúa, la gente es también muy agradable, muy curiosos, quizá demasiado para nuestra cultura. Caminábamos ayer por el malecón de Sorong y todo el mundo nos preguntaba que a dónde íbamos, que de dónde éramos, nos paraban por la calle para decirnos “Hello mister” y yo al principio me sentía un poco intimidado, pero luego me di cuenta de que era normal, me calmé y disfruté del paseo, respondiendo a los agradables y sonrientes lugareños. Sorong es una ciudad alargada, situada en 6 km a lo largo del mar, y algo curioso de lo que me di cuenta es de que es una ciudad sin centro urbano, como podría ser un centro urbano a la europea. No hay un lugar donde esté todo, y todo es disperso: aquí un banco, más allá un centro comercial.

Me encuentro en un barco sobre el mar de Seram, destino Waisai, donde mañana cogeré un barco para ir seguramente, si todo sale bien a la isla de Krí, para bucear por unos de los rincones submarinos más vírgenes del planeta y ayer estaba en Sentani, región de Jayapura, y estaba a 50 kilómetros de pisar oceanía y no podía pasar porque el estado Indonesio limita el contacto entre una parte y la otra de la isla, negando la entrada si el visado no se obtuvo previamente, y sólo dejando esta entrada abierta, cuando la frontera entre Indonesia y Papúa Nueva Guinea es larguísima, en otra clara estrategia de “indoneseización”. Jamás creí que estaría en un lugar así, en un mar llamado Seram, en la bodega de un barco, y jamás pensé que estaría en la casa de Theys Eluay y que escribiría un día un post para colgar en un blog mientras viajaba por indonesia, y creía que tenía que contar algo. Todo esto tiene para mí connotaciones oníricas, esto es un sueño, es un sueño porque como en los sueños, nunca se cree que sea del todo verdad que se vea lo que se ve, que se viva lo que se está viviendo, porque como en los sueños, nada es predecible y muchas cosas son posibles, porque como en los sueños, no existen muchos límites y nos sentimos generalmente plenos, pero ante todo, porque sobretodo, en los sueños despertar es perder y es triste, porque como en los sueños no podría haber nada más trágico en este momento de mi vida, que despertar.



Faites de beaux rêves mes amis ^^

martes, 19 de julio de 2011

Lagos, caldo y “love yous” :)


Este día lo pasé en Sentani, todavía con Santi, con quien me lo paso muy bien, y me complemento genial. Debido a la difícil orografía Indonesia y más todavía en la parte de Papúa, la mayoría de desplazamientos se efectúan en avión, y el medio está tan normalizado que los aeropuertos parecen casi estaciones de autobús. He visto pasajeros que incluso transportaban savas o ubis en sacos de plástico, pasándolos por los scaners. En los aeropuertos no se puede fotografiar, y ya lo hice una vez en Irán y me llamaron la atención, así que no lo he hecho, pero habían fotos realmente interesantes que tomar. La verdad es que en Indonesia, cuando tomas un vuelo, sorprende la falta de obsesión por la seguridad que se encuentra en Europa, y puedes subir al avión con muchos líquidos, y vimos a un militar, subir con un machete, por ejemplo. Otro dato interesante, es que a parte de Batavia, que es la compañía con la que volé desde Makassar a Yajapura y Air Asia, con la que tengo la mayoría de mis vuelos, el resto de compañías del país están puestas en la lista negra europea. Ninguna de ellas podría volar en Europa, pero sinceramente, yo no las veo tan tan mal. El avión que cogimos esta mañana, estaba feo por dentro, pero mientras el motor y el sistema hidráulico funcionen, supongo que el resto de funciones, podrían considerarse, en cierta medida, “extras”. En fin, llegué. Es verdad que muchas veces cuando tomo un avión, incluso en Europa, al aterrizar me digo que el destino me concede una prolongación más de vida, hasta el siguiente vuelo. No es superstición, sólo una reflexión no muy meditada, pero es divertido pensar incongruencias, pese a que sólo deban pensarse de vez en cuando.

Cuando se llega a Sentani, lo primero que destaca es el calor. Pasamos de los 1500 metros en Wamena, a muchos menos aquí, y en la temperatura se nota muchísimo. Con nada que hacemos, sudamos, y yo que no sudo nunca, me sorprendo bastante, además por eso es me gusta tanto el calor. Y en fin, siempre me gustará, porque aunque sude, no me constipa como con el frío.

La gente en Sentani es menos familiar que en Wamena, un poco menos acogedora, pero el ambiente sigue siendo muy agradable, la gente sigue siendo muy acogedora, sólo que aquí se nota que las diversas multiculturas Papúas están más “invadidas” por los indonesios. A decir verdad, el mestizaje entre indonesios y Papúes es muy presente aquí, la mayoría son mestizos, y creo también que aquí ellos y ellas son de verdad muy guapos, con esa bonita mezcla. Han sacado la voluptuosidad de los bosquimanes y la finura de los asiáticos. Ellas son muy bonitas.

Nuestra atracción del día fue visitar el lago Sentani. Empezamos por Yabaso, pero hacía una locura de calor impresionante, y decidimos en seguida que allí no se podía estar, que no se podía caminar, y decidimos irnos hacia otro lugar. De la otra parte del lago, había leído Santi que había un restaurante al borde del agua, en el que se comía bien y se podía estar un ratito al fresco. Así que decidimos ir allí, rezando para que hubiera cerveza. El caso es que no lo he dicho, pero en Wamena no hay cerveza, bueno, sí que la hay, pero caliente puede costar unos 4 euros y fría, unos 8, porque como todo se transporta en avión y en los alrededores de Wamena ni hay cultivos de cebada, ni mucho menos, fábricas para destilarla.

Llegamos al restaurante Yougwa y había cerveza, y fría, a 35000 rials indonesios (algo más de 3 euros) y sencillamente, me la merecía, por tanto que estudié este año y por las condiciones que soporté en los trekings, sólo por aprender cosas. Tomamos la cervecita, y era una pilsener, que son suaves, una “Bintang”, que me recordaba un poco a la heineken, que tanto le gusta a mi padre, y que a mí me parece demasiado suave. Tras la cerveza, y con lo bien que se estaba allí, probé primero un batido de aguacate, y luego, un batido de nescafé. Me gasté 7 euros en total, caro aquí, pero es que hay veces, y no pocas, que me lo merezco.

Una anécdota curiosa, es que entre el primer y el segundo batido un grupo de unas quinze personas llegaron y se sentaron cerca de Santi y de mí y empezó, una de las madres, a preguntarme cosas en inglés, que de dónde venía, que qué se me había perdido en un lugar como Jayapura, y la más divertida, que si estaba casado. Santi me decía que es normal preguntar estas cosas por aquí, que es símbolo de buena sociabilidad, pero al decir que no, he oído como muchas voces de “ay, qué pena” y me ha hecho gracia. Un momento en que he dejado luego a Santi solo y me he salido fuera, una de las niñas que hablaba bien inglés, de unos quinze años, me ha preguntado si podía hacerme una foto con ellas, y he dicho que sí, así que de una en una han ido pasando, incluso las madres, para hacerse fotos conmigo, y cuando se despedían, algunas de las niñas me decían love you, love you ^^ Me voy a quedar a vivir por aquí, que dicen siempre cosas bonitas y no como en Francia. Y mira que hecho en falta ese aspecto de mi tierra valenciana, cómo la gente se dice que se quiere, y lo demuestra en todos los gestos, y te dicen también que estás guapo o no, y te tocan como aquí. Estando en Francia he aprendido cuán agradable es ser tocado y querido, y cada vez intento más demostrar mi cariño a la gente, aunque nunca he sido demasiado expresivo, seguramente debido a mi carácter solitario y a mi idea de que sólo solo se pueden aprender tantas y tantas cosas. Lo siento amigos, me esfuerzo.

En el restaurante, Santi y yo nos hemos percatado también de la cantidad de militares y policías que venían a comer. Santi los llamaba a todos “hijos de puta”. Es curioso que pienso que Santi y yo en el fondo, tenemos cosas muy coincidentes, y es seguramente una de las personas con quien mejor he viajado, pero él es un tipo muy expresivo, muy extrovertido y siempre entra a la gente muy fácilmente, y en eso, es un poco diferente a mí. Todo el mundo se ríe en seguida con él y todo el mundo lo saluda efusivamente. Me gusta mucho estar con él, porque me aporta un complemento que yo no tengo y además, él sabe muchísimo de foto y no para de enseñarme cosas: detalles en los que jamás había caído, funciones de mi cámara, etc.

Cuando hemos salido del restaurante, que está en mitad de la carretera, aunque los coches no se escuchan al borde del agua, íbamos a parar el transporte público, pero yo me he puesto a hacer el tonto, como si hiciera autostop, y no os lo vais a creer ¡¡me ha parado una hormigonera!! Nos hemos subido, con un Papue muy majo, que nos ha dejado cerca del hotel.

Una cosa que se me olvidaba, es que entre Yabaso y el restaurante al borde del lago, hemos tenido que cambiar de transporte público, y como no era sencillo, hemos tenido la suerte de encontrar un tipo que hablaba perfectamente inglés, que nos ayudó. Él decía que nos ayudaba porque quería practicar el inglés y nada más. Yo le he preguntado que dónde aprendió, hablaba muy bien, y el me ha dicho que estudiaba teología en Australia pero que dejó de creer en el catolicismo y trata de vivir como profesor de inglés. A decir verdad, creo que se notaba bastante que era uno de esos chicos que ama otros chicos y no creo que eso case muy bien con ser cura, en la concepción actual cristiana, ni del celibato, ni de la familia. Además, era un tipo muy interesante, proveniente de Timor Leste. No sé si sabréis que Timor Leste era una antigua colonia portuguesa, él tenía apellido portugués -Da Silva- y le he preguntado si estuvo en su país cuando los horribles sucesos de una década atrás (creo), alrededor de 1999, cuando se mataron muchos y muchos independentistas Timor Lesteños, que además en su mayoría eran comunistas. Él me ha dicho que estaba traumatizado con lo que vió y que no quería hablar de eso. Le he preguntado que qué le parecía la situación política en Papúa y él no me ha dado una respuesta política, pero me ha dicho que tenía miedo, porque hay una tensión que al turista pasa de largo, pero que en cualquier momento la violencia se desata y cae sobre todos, como ya ha pasado muchas veces. A mí me gusta saber cobre cómo se siente la gente en todos estos conflictos. Es mi parte solidaria de viajar, muy importante: aprender los problemas sociales y políticos y explicarlos, para crear una opinión social internacional que sea consciente de momentos sociales muy nefastos que no deberían jamás ni suceder, ni mucho menos repetirse. Sé porque soy un pesimista optimista, o porque todos los pesimistas son optimistas que descubrieron la realidad, como decía el gran Saramago, que seguramente no cambio nada, pero como dice Fermín Muguruza, no será culpa mía que nadie pasó en mitad de la plaza, porque había una grna piedra, porque yo por lo menos intenté moverla.

Para acabar con más actualidad política, mañana voy a tomar otro avión hacia Songo, y al día siguiente me iré a Raja Ampat, uno de los mejores lugares del mundo para bucear, muy caro también, pero antes quiero visitar aquí un monumento y un parque dedicado a la memoria Theys Eluay, un antiguo líder independentista que fue estrangulado en noviembre del 2001 por fuerzas especiales indonesias, el Kopassus, por tratar de conseguir un referéndum por la independencia de Papua, respaldado por la ONU. Los acusados recibieron sólo tres años y medio de cárcel ¡Gravísimo!

Este fue sin duda un buen día, espero que el resto de Indonesia siga siendo tan interesante y acogedor. Os mando un beso y os prometo contarlo pronto. Muas muas :)

lunes, 18 de julio de 2011

Descanso, mosquitos y Wamena

El día de ayer fue un día de no hacer demasiadas cosas, un día de descanso merecido, tras un trekking realmente muy duro. Al llegar aquí me di cuenta que no dominaba mi nueva cámara “Pentax K5”lo suficiente y que mis primeras fotos no habían sido tan satisfactorias como las esperaba, así que utilicé mi día para leer el manual de la máquina y hacer unas cuantas pruebas. Además, dio la coincidencia de que fue un día bastante lluvioso, con lo que la excusa estuvo más que servida.
Hoy, ya más descansado y con un día un poco menos lluvioso, aunque mientras escribo estas líneas un poco sí que llueve, fue el día de ir a visitar Suroba y Dugun, dos pequeños poblados de la parte norte del valle, que parecían muy interesantes según la guía de Lonely Planet (que todavía no he abierto y que siempre leen los demás, a mí me aburre, prefiero aprender preguntando a la gente). Tomamos en la mañana un becak, que es un transporte similar a una bicicleta, con tracción humana,  y que delante, en vez de llevar una sola rueda, lleva dos y en medio un pequeño asiento donde caben dos personas muy apretadas. Tras ello tomaríamos un bemo -un autobusito de tipo furgoneta- para ir a los dos poblados, que se sitúan muy cerca uno del otro, y se pueden hacer a pie.
Llegamos sin demasiadas complicaciones, practicando fotos con mi nueva cámara -que luego comprobaría que cada vez salen mejor, con mejores resultados- y cuando llegamos a la terminal de bemos, tras esquivar algunos caza-turistas listillos y habituales, tomamos el bemo y en sólo 15 minutos ya estábamos allí.
Decidimos primero ir al poblado de Suroba, muy bonito, precedido por un puente de madera un tanto tétrico, parecía salido de una película de terror de caníbales, y en realidad lo que anunciaba era un cenagal. En efecto, Suroba es un pueblecito muy bonito, donde las casas se dividen en diversas empalizadas familiares, ocupadas por las diversas familias -quiero decir-, y que parecen de algún modo hechas para protegerse del exterior. De todas formas, hemos podido pasar sin problemas, tomar fotografías y hablar con las familias, pero no hemos estado mucho tiempo, y ni siquiera hemos ido a Dugun, porque estando en Suroba, poco a poco empezó a llover, y siendo también que es campo, y además, realmente muy fangoso, antes de que lloviera, detecté un montón de anófeles (el mosquito que transfiere la malaria y que he aprendido a reconocer: conocimiento es poder), y aunque la inmensa mayoría no transmite el virus, y sólo lo transmite le hembra, que es más pequeña que el macho, hemos decidido que nos amamos, y nos hemos vuelto a Wamena, sin que nos haya picado ninguno!! No os preocupéis!!
A la vuelta hemos salido a comer, y a tirar algunas fotos por Wamena. Yo estoy contento porque voy dominando mi nueva K5. Una anécdota graciosa es que vimos dos chicas asiáticas, muy guapas y Santi les pidió hacerse una foto, y las dos querían salir conmigo, primero las dos, luego la una y luego la otra. Siempre está bien que le suban a uno la moral, ¿no? ^^
Ahora estoy en el hotel, y mañana saldremos de Wamena para Sentani, a ver unos poblados para pescadores en un lago cercano. Esta noche comemos con nuestros amigos euskaldunes, que acaban de llegar y dejo este rinconcito del mundo, que realmente me ha encantado como pocos, pues quedan pocos lugares tan auténticos como éste, y sólo lamento que el estado indonesio sólo los utilice para explotarlos, y que en esta parte de su país se invierta realmente muy poco, como pasa en tantos y tantos rinconesdel mundo -como el kurdistán turco o sirio, la zona este y sur de Myanmar, etc.-, que quieren legislarse autonomamente, merced a una cultura realmente distinta.

p.s. de las picadas de pulga, en sólo dos días casi ya no pican, con lo que las buenas sensaciones del trekking, saben veinte veces mejor.

Ioh (adiós), como dicen mis hermanos Papúes!!

sábado, 16 de julio de 2011

El riesgo, los Danis y soñar ríos de agua... ¡¡potable!!




Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, todavía en algunos lugares de Papua -la indonesia y el país- se practicaba el canibalismo. No es el caso hoy en día, aunque mi amigo Alain, del instituto donde aun trabajo, no paraba de decirme que iba a acabar en una marmita. De todas formas, no deja de ser excitante que hasta hace tan poco, prácticas como estas existieran todavía. Sobretodo, porque es denotativo de lo anciano del lugar, de lo tradicional, de lo aislado que está del mundo, de su pureza, de lo salvaje, y pienso que en realidad, puede seguir siendo así mucho tiempo más, al menos en algunas partes, por lo inaccesible de estas. Voy a explicarme.

El valle de los Baliem, se sitúa a unos 1500 metros de altitud, por lo menos Wamena, su capital, y se extiende entre unos 60 km de largo, por unos 16 de ancho, alrededor del río Baliem, que le da el nombre. El valle está rodeado por montañas altísimas, donde algunas llegan hasta 4700 o 5000 metros y es en ese sentido que digo que es posible que este valle siga aislado por muchísimo tiempo ¿Qué van a venir a explotar aquí los occidentales, si verdaderamente no es tan rentable y es lo único que mueve a occidente? Ciertamente, hay muchos negocios, pero demasiados.

El valle está lleno de Papúes y muchos de ellos jamás vieron un blanco y se sienten verdaderamente sorprendidos cuando ven uno. Cuando caminábamos por el valle, Santi, que es un tipo muy gracioso, los asustaba con bromas, en plan como si fuera un indio y muchos se iban corriendo. Incluso una vez, asustó a un niño que estaba con otro, de no más de uno o dos años, y el chiquillo abandonó al más pequeño y yo al pasar vi al niño sólo y le pregunté a Santi, que qué hacía un niño solo ahí. Me moría de risa. En los autobuses, la gente nos mira, y hay a quién le da miedo o incluso quizá un suerte de aprensión que nos sentemos a su lado y sueltan gritos o como leves quejidos en nuestra presencia. Ayer mismo en el autobús, yo extendía mi brazo blanco a un hombre, le cogía la mano y le decía que me tocara. Y el hombre me tocaba, pero las chicas que había enfrente mía, no querían tocarme y se retorcían cuando extendía la mano. Luego, hay gente también que es de verdad muy curiosa. Por ejemplo un Dani, al ver mis piernas con pelos, que son además pelos lisos, no como los suyos, me acarició por unos cinco minutos la pierna, entre el pie y la rodilla diciendo cosas que no entendía. No había nada de sexual, la situación era muy divertida.

Los Dani son una tribu o grupo tribal, mejor dicho, compuesto de diversos poblados a una parte del río Baliem, que no a la otra, de los cuales, lo más llamativo es que visten con un taparrabos que es una simple calabaza muy alargada, donde cabe el pene y poco más, ni siquiera también los testículos. Se llama algo así como horim. Los Dani son de verdad muy agradables, y a nuestro paso, salen todos sorprendidos, para vernos, y darnos la mano y hemos aprendido los saludos como nayak que se dice entre dos hombres, la'ok que se dice para cuando un hombre saluda a una mujer sola, y I'oh, cuando dices adiós. Todo el mundo es muy agradable y saludan siempre dando la mano derecha, pero han tenido también luchas entre ellos, la última que se recuerde, data de 1988-1990. Por lo general, están calmados, a parte de esos precisos momentos.

Hay que decir también, que la zona tiene verdaderos problemas identitarios y que los papúes no se sienten para nada integrados en el estado indonesio y claman libertad e independencia. Lo cierto es que esto es un país aparte, que no tiene nada que ver con Indonesia: su mundo, su cultura, su cosmogonía, en incluso su religión, son muy distintos. Los Indonesios son musulmanes, y los Papúes son en su mayoría cristianos, aunque practican su fe con recurso a muchas tradiciones locales, animistas. La tensión ha sido fuerte en ocasiones, como decía en el post anterior, como en 1977 o en 2000, y puede explotar en cualquier momento, aunque yo no siento peligro en las calles y odio hacia el blanco no hay, porque odio puede haber hacia los indonesios, pero no hacia nosotros. En el año 2000, todos los no-papúes tuvieron que exiliarse de la región, e incluso no lo conté, pero en mi primera noche en Makassar, cuando no pude coger mi vuelo, un hombre que encontré me dijo que era de Jakarta y que venía a Papúa con sus padres, porque su hermano llevaba desaparecido 10 días y él pensaba que quizá un Papue le había disparado ¿quién sabe? No os preocupéis. En la calle, esta tensión no se siente, ni siquiera contra los indonesios.

Por nuestra parte, yo y Santi, decidimos hacer un treking solos, por el valle, sin guía, puesto que un guía, puede salir por día a 100 € y yo no tengo ganas de pagar eso a alguien, ahora que soy joven y puedo yo llevar mis cositas en la mochila, y además, esta vez que iba entre dos y no sólo, como alguna otra vez he hecho. El caso es que es verdad que es peligroso ir solo, porque hay riesgo caminando entre montañas: los caminos son muy estrechos y podemos caer, si llueve -aunque nosotros tuvimos suerte y no nos llovió- esto puede ser una trampa mortal, y luego la alimentación no es muy fácil, puesto que sólo se puede comprar fruta, o esperar que los nativos te ofrezcan Sava una especie de yuca- o Ubi -una especie de moniato. Su alimentación se compone casi exclusivamente de estos dos tubérculos, y se ven bancales y bancales de estos cultivos, alrededor de las montañas. Yo y Santi nos preguntábamos, el porqué de que no se cultivarán otros alimentos, y hay plátanos y mandarinas también, pero el clima aquí es suficientemente rico, como para que se pudieran cultivar muchas más cosas y tener una dieta muy variada. En fin, no querrán. A mí me gustan los tubérculos hervidos, pero se puede acabar bastante harto. Por otra parte, no hay tiendas para comprar comida, ni agua, lo que en total hace que el riesgo esté presente.

Nosotros salimos hace ya unos tres días, el día 14 hacia el valle, de verdad, no muy preparados. Yo no llevo casi de nada, aunque tengo unas buenas zapatillas, y Santi lleva más cosas que yo, pero no tenía zapatillas y se compró unas de 7 €, de goma, y ya podéis imaginar su calidad para el treking. Llevábamos poquísima agua, una botella de litro y medio cada uno, y teníamos que conservarla el mayor tiempo posible, pese al intenso sol y no llevábamos ni tienda, ni saco, aunque yo llevaba un par de mantas, y una mosquitera, con lo cual, teníamos que dormir en casa de nativos.

Tomamos, como digo, el autobús -una pequeña camioneta cerrada y no muy grande, con asientos en las orillas- el día 14, que se llenó de gente sentada en los banquitos, y niños en el medio, sentados por el suelo. Una de las primeras cosas que me chocaba era la falta de higiene. La ropa parece que aquí no se lava realmente nunca, y ves las camisetas de la gente llenas de manchas, muy negras. Además, todos desprenden un olor muy fuerte y los niños no se suenan nunca los mocos, y andan muchos, con un gran hilo de moco, muy verde que les cuelga entre la nariz y la boca. Asqueroso, sí, está claro, pero con un par de intercambios de sonrisas, de muecas, de gestos, empezamos a reír y se nos olvidó todo esto rápido. Santi lleva una cámara muy mala, y para empezar a hacer fotos, ofrece muchas veces a la gente, que les haga fotos. Seguidamente el dice, ahora os hago yo, y eso rompió el hielo en ese momento, y al final había mucho intercambio entre nosotros y la gente del autobús.

Cuando llegamos a nuestro primer destino, Yetni, había un gran barrizal en medio -de unos 500 metros- que impedía a los transportes seguir por la carretera, que quedaba cortada, y que había que atravesar a pie. Lo atravesamos sin problemas, la tierra estaba húmeda, entonces no se hundía demasiado. En la otra parte comenzaba la verdadera ruta, con caminos que se estrechaban cada vez más, que se metían en ríos donde habían mujeres haciendo la colada. El paisaje es muy verde y muy montañoso, impresionante de bonito. Poco a poco, conforme nos adentrábamos, veíamos más y más casas tradicionales Dani, que son circulares, de madera, y con el techo de paja. Tienen todas un espacio para hacer la hoguera interior, en el centro de la estancia, con un segundo piso, que está pintado con alquitrán para alejar seguramente insectos y evitar que se moje. Las chozas harán unos siete metros cuadrados, por dos de alto, así que cada piso tiene tan solo medio metro de altura, se tiene que entrar por una pequeña puerta, y en la parte de arriba se duerme y en la de debajo se come y se hace vida.

Tuvimos la suerte de nuestro primer contacto muy pronto. Santi invitó a un hombre a un cigarro y el hombre nos invitó enseguida a entrar en su casa. Era un tipo muy sonriente, muy agradable, con el que nos tomamos fotos y le ofrecimos, cacaos y una manzana, con semillas, que él dijo que quería cultivar. Él nos ofreció una corona de plumas, que llevan tradicionalmente los Dani, aunque él ya vestía con ropa y una sava. Después de un cuarto de hora, salimos de allí, el hombre nos explicó cómo seguir nuestro camino y proseguimos el trayecto.

El día trascurría sin incidentes, muy agradablemente, encontrábamos gente a un lugar y otro del camino, que nos saludaba, que sonreía, que se sorprendía al vernos, por paisajes preciosos, y llegó la entrada de la noche, y tuvimos que buscar dónde dormir. Llegamos al punto que nos habíamos marcado, Ibiroma, y preguntamos en el pueblo si podíamos dormir. Había una escuela y una iglesia, pero nos ofrecieron dormir en una cabaña tradicional, con una familia.

Cuando cae la noche en Ibiroma, un manto de nubes cubre siempre el lugar, y hace de verdad mucho frío. Dingin llaman los nativos al frío y etu al fuego y ponerse alrededor para calentarse es panás, así que yo, que siempre tengo frío, pasé la noche en panás. Nosotros los invitábamos a tabaco y galletas, que traíamos, y ellos nos invitaban a Ubi y Sava, de los que acabamos bastante hartos. De muchas cabañas venían a ofrecernos de comer, pero siempre lo mismo.

Tras comer, el sueño llegó, me quedé dormido alrededor del fuego, que aun estaba encendido, ellos discutían y Santi dormía también. Acordamos entonces, que nosotros dormiríamos debajo, porque la familia se componía de 7 miembros y arriba no iba a ser muy cómodo y puesto que estábamos a bastante altura, no iba a haber mosquitos, así que no puse la mosquitera, hasta que una rata me pasó por los pies y saltó luego encima de Santi. Entonces puse la mosquitera como pude, y ya estaba a salvo de ratas, pero las pulgas me dejaron un pie realmente destrozado, con por lo menos unas 30 picadas, y otras tantas por la cintura. No muy agradable, pero la sensación de haber dormido en una cabaña Papúe, para mí es más que compensatoria, porque en unos días olvidaré que ahora mismo me pica todo, pero jamás olvidaré lo que compartí en ese gran momento.

En la noche tuve frío, y Santi también, y nos tuvimos que apañar como podíamos, yo pude dormir, aunque no mucho, y Santi también.

Al día siguiente, me despertaron con un fuego, preparaban el desayuno, con otra vez Ubi y Sava, y rápidamente nos pusimos en marcha. Este día queríamos hacer una doble jornada, queríamos llegar a Wamenek, y volver, lo que normalmente se hace en dos días, pero la idea de dormir tres noches como la pasada, no nos atraía y preferíamos realmente hacer sólo una noche más en una especie de hotel -de cabañas- para turistas, que habíamos encontrado en Kilesi, un pueblo antes de Ibiroma, muy básico, pero parecía limpio, aunque luego descubrí que también habían ticus (ratas).

La jornada transcurría otra vez sin incidentes, hasta que nos tocó bajar desde lo alto de la montaña, hacía el río, para acceder al siguiente pueblo. Los caminos eran muy estrechos, y una precipitación era mortal, y vamos, yo me caí. En un momento, me quedé agarrado con las dos manos por detrás, con el culo por debajo de mi cintura y llamando a Santi “Santi, Santi”. Tengo suerte de tener grandes reflejos y pude volver arriba, pero con un poco menos de suerte, me podría haber quedado ahí. A partir de ese momento, puse más y más atención.

Cuando estábamos llegando abajo, un grupo de niños salió a nuestro paso, subiendo la ladera, que subían como cabras, y Santi y yo muy lentamente. Traían una guitarra de madera, muy pequeña, y Santi se puso a hacer la estrella del rock. Lo divertido es que los niños se pusieron a cantar algo así como “Chicken Rocker” y yo cantaba con ellos y hacía el idiota a su lado. Tengo un vídeo cantando la chorrada con ellos muy divertido.

Esta parte del valle, fue seguramente la más agradable de todas, la más bonita. Todo un plano, lleno de casitas de nativos, con buena temperatura. Yo pensaba que si tuviera que vivir en el valle, viviría aquí, y no en lo alto de las montañas. Compramos mandarinas por el camino, por muy poco dinero, y compramos al llegar a Wamerek, plátanos. En Wamerek había una gran explanada de hierba, y se estaba de verdad muy bien, con un airecito que corría muy agradable. Dimos un par de cigarros más, pues era la forma de romper el hilo, puesto que todos fuman mucho y proseguimos el camino, vendrían ahora las penalidades.

Tomamos un camino distinto, más directo, para volver atrás. Había que subir la montaña, y teníamos poca, muy poca agua. Este día sólo teníamos un litro de agua que había que administrar hasta llegar a Kilesi o Ibiroma. Nos tocaba subir, además, una escarpadísima montaña, muy difícil de subir, con un calor muy intenso: yo notaba que empezaba a quemarme las partes visibles de mi piel, cara, brazos y cuello. Entre la poca agua que teníamos y el calor intenso, yo empecé a notar que no iba bien, sentía un poco que me deshidrataba por momentos, y un pequeño sorbo de agua me devolvía a la vida en cada momento, y empecé a soñar con ríos de agua para beber. Me acordaba cuando con 20 años hice un viaje a Nordkapp, con Paco y con Camps, y sólo hablábamos de comida, porque no teníamos dinero para comprarla. Aquí no había lugar donde comprar agua y no nos fiábamos de que la hirvieran, hasta llegar por lo menos a Ibiroma. Durante unas tres horas, el trayecto se convirtió en subir escalones muy altos, y cada vez, en cada escalón había que levantar todo el cuerpo, así que al final era muy difícil, suponía un gran esfuerzo. Imaginad levantar a cada escalón 65 kilos que debo pesar. No es muy sencillo, durante tres horas.

En mi peor momento, cuando ya no podía más, llegamos a un poblado, y había un chorro de agua con unas mujeres bañándose desnudas. Santi repartió más cigarros, y en este poblado había más gente vestida al estilo Dani, que en ninguno que hubiéramos visto antes. Pedí por favor ducharme, y accedieron, y cuando metí la cabeza bajo el agua, las fuerzas me volvieron de repente. Mojé mi camisa, para estar fresquito y tras un intercambio de saludos y despedidas, proseguimos la ruta. Hubo una subida en la que Santi y yo nos mirábamos como diciéndonos, “madre mía, estamos al límite de nuestras fuerzas”, y yo sentía de verdad la deshidratación llegar. Pero al final, tras subir, subir y subir, llegamos a Ibiroma, y el poblado entero salió a saludar a los diablos blancos y locos adentrados en sus territorios. Les pedí una botella de agua, y me bebí un litro de un solo trago, mi energía subió en seguida.

Nos despedimos, y había que llegar a Kilesi, lo peor había pasado, y al llegar encontramos a una pareja de vascos, muy simpática, que ya habíamos encontrado en Wamena, de 52 y 58 años, muy interesantes y agradables. Ellos habían pagado guías y comida, y nos invitaron a cenar. Dábamos pena de una parte, pero de otra admiración, y su guía nos decía que cómo habíamos podido hacer tanto trayecto en un sólo día, y tan poco preparados, sin zapatillas, ni agua, que había que estar fuerte. El reconocimiento es agradable, la verdad.

Ya nos sentíamos un poco vueltos a la civilización: cenando muy bien, durmiendo decentemente. Nos ofrecieron pagar un baile tradicional, con los otros viajeros del lugar (los vascos, una pareja de catalanes y otra de alemanes) y accedimos, podía ser interesante. A la mañana siguiente hicieron el baile, muy vistoso, una especie de representación guerrera, con canciones que ellos cantaban, pero sin instrumentos, y vestidos de Dani todos: las mujeres con el pecho descubierto, y plumas en la cabeza y pintados los ojos: muy bonito.

Tras ello, nos dirigimos a un puente de madera, muy largo, lo pasamos unas cuantas veces, tomando fotos y vídeos, de verdad muy impresionante, y después retomamos el camino hacia la “civilización”. Tres horas más caminando y tomamos el bus, tras atravesar la ciénaga, en la que esta vez nos hundíamos, porque se secaba la parte de arriba, pero la de abajo no.

Llegamos al final al hotel, tras tres días donde caminamos mucho: unas 6 horas el primer día, unas 8 horas el segundo día y unas 5 el último. A mí, a decir verdad, no me gusta caminar por la montaña, pero es verdad también que es el único modo de entrar en contacto con el espíritu rural de un país, y era el único modo de conocer la cultura Dani, en su esencia, que es rural. Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y seguiré haciendo estos trekings, cuando merezca la pena hacerlo, aunque mi madre me pida que no los haga ^^ , “pero tranqui mamá, porque la próxima vez me traeré una tienda propia, para no tener que dormir en sus chozas, las pulgas me han baldado esta vez. Pese a ello, me llevo un gran recuerdo a la tumba, que me durará de por vida y que me dará la única riqueza que es de verdad rica, la experiencia y el conocimiento.



Me tomo este día tranquilo en el hotelucho, que lo necesito, escribiendo y aprendiendo a utilizar mi cámara y os digo hasta muy pronto, amigüitos :)