viernes, 19 de agosto de 2011

Java , fútbol y oscuridad

Me encuentro ahora mismo en el aeropuerto de Jakarta, me confundí esta mañana y en vez de venir a las 18:50, me vine como a las 11, porque pensaba que mi vuelo salía a la 13:50 y me he debido pasar en el aeropuerto, todo el santo día, moviéndome de un lugar a otro y muy aburrido.
Jakarta es una ciudad fea, gris, siempre hay una especie de bruma que la recubre, que mezclada con la gran polución del aire, producen una atmósfera bastante pesada para vivir el día a día; me recuerda a Lima en eso, porque también había una bruma así. No he podido, ni tampoco querido visitar demasiado la ciudad. Al llegar, me fui a hacer algo corriente, como por ejemplo, ir a comprar un teléfono, que no he comprado, porque cuestan igual que en Europa, y lo hice por hacer algo, porque en cuanto se ve la cantidad de edificios enormes, grises y sin vida, las ganas de ver la ciudad mueren repentinamente. Hay imágenes curiosas, interesantes o incluso desagradables cuando accedes a la zona de los hoteles, que es la zona turística, con el autobús. Está lleno de casas al borde de los canales, y es curioso que las casas que más cerca están de los canales, son casas muy malas, de madera, y que entre ellas y los canales, está lleno de basura. Lo impresionante es que tras las malas casas de madera hay siempre otras casas bonitas, de cemento, bien construidas. Es muy extraño este agresivo contraste.
Por otra parte, Jakarta cambia por la noche, aunque no la viví demasiado, porque aun arrastro un maldito constipado a causa de la climatización que me llevó de Lombok a Flores. Por la noche Jakarta se transforma y todo el mundo sale a la calle y la calle se llena de paraetas donde se venden zumos de fruta, platos baratos de comida indonesia y la temperatura baja, no se ven los cielos grises y brumosos y no pesan sobre la piel gracias a la menor temperatura, y se vive mejor. También hay mucha fiesta y es muy fácil ligar aquí si se busca, pero sinceramente, no era mi intención.
Estoy algo cansado y acaban de retrasar mi vuelo 45 minutos, así que me estoy cagando un poco en todo, porque voy a llegar como a las 23 al aeropuerto de Singapore y luego tengo que buscar algún lugar donde dormir, sacar dinero. Es demasiado tarde, pero quizá me quedo en el aeropuerto a dormir, o quién sabe, mañana vuelo a Kuala Lumpur y luego a Kota Bharu para ir a bucear 4 días al norte de Malaysia.
Estoy cansado también porque anoche me hizo ilusión levantarme temprano para ver el partido que enfrentaba al Real Madrid contra el Barcelona, de la Supercopa de España. Lo vi con gente del hotel que se habían levantado a las 4 de la mañana para verlo también ¡Increíble la pasión por el fútbol de la península en estos rincón del planeta! Lo curioso y de una parte lo mejor es que todos los del hotel iban con el Real Madrid y fue el Barça quien ganó para mi especial regocijo.
Salgo ahora de Indonesia y echando la vista atrás, creo que es un país que me ha gustado y bastante, pero creo que más que el país, lo que me ha gustado son las experiencias que he vivido en él, aunque han habido unas cuantas cosas que me han estropeado algo el viaje: de una parte, la dinámica de tener que coger aviones cada vez que se quiere cambiar de isla, el dinero que cuesta, la ruptura de ritmo, tener que organizar tus días para cogerlos, eso hace no estar tranquilo, pero también, la cantidad de turismo, que produce que los indonesios estén normalmente más interesados en dinero y sean poco respetuosos. Hay zonas donde esto no ocurre, como en Papúa, donde aunque están interesados por dinero, hay mucha mucha gente auténtica, la gente más auténtica de toda Indonesia para mí, y también en Sulawesi, aunque menos, donde la gente también estaba muy interesada en los extranjeros, simplemente, no tanto por cuestiones de dinero, aunque también. Es un país que me ha gustado, pero es un país donde no volvería, quizá a Papúa, con una tienda de campaña y me haría las diversas poblaciones poco a poco, disfrutando de la gente de allí y viendo esos paisajes tan maravillosos, pero no creo que volviera al resto de Indonesia, porque no me ha resultado tampoco una ciudad tan interesante como otras. Habiendo visto sociedades como la Iraní y la Myanmaresa, a este país le faltan cosas para ser interesante. La gente habla inglés, pero no es muy cultivada, y no he podido tener ni una conversación sobre política, por ejemplo, sólo la tube con extranjeros. Y la situación no sé, no la veo tan interesante, aunque interesante lo es. Creo que me falta un algo, alguna cosa. Creo que la próxima vez me buscaré un país que me parezca más complejo, quizá volver a América Latina, Bolivia, Colombia, quizá otra realidad asiática, como la India o Pakistán.
En unas horas llego a Singapore, no sé si lo escribo bien, pronto os lo cuento.

jueves, 18 de agosto de 2011

Machismo, volcanes y estrellas de la televisión

Me encuentro ahora mismo en Maumere, ciudad al este de Flores que será mi último destino en esta particular y otra vez distinta isla del bastísimo archipiélago indonesio. Me encuentro ahora mismo en el aeropuerto, son las 6:36 y se supone que mi vuelo sale a eso de las 7:40. Maumere es seguramente una ciudad sin interés turístico. Es fea, polvorienta, miserable, pero de un gran interés sociológico: está mucho más sucia que Wamena o que Sentani, en Papúa, cuando está en una isla que es mucho más rica que la otra.
Sé que llevo unos días sin escribir, y no es porque no tenga nada que decir, es sencillamente, que no he tenido quizá mucho el tiempo, o la fuerza. El problema es que normalmente escribía en las noches mis pots, pero es que en Bajawa hace mucho frío de noche y sólo quieres estar en la cama, y en Moni, mi último destino, no hacía tanto frío, pero el suficiente como para que estar al lado de la cama con un ordenador explicando el día, no sea lo más atrayente que se pueda hacer.
No os he contado, por ejemplo, que tuve un accidente de moto con Maurine en Bajawa, no sabía que en una moto de marchas, cuando se va cuesta abajo hay que frenar con el freno de atrás, entonces, alquilamos una moto no muy buena, y además en un momento de mucha bajada, cargué el freno de delante y al final no podía frenar y me tuve que retirar a un lado de la carretera para poder hacerlo. Fue un simple accidente a 10 km por hora y no tengo nada grave, sólo un pequeño moratón en la pierna, que ni siquiera se ve. Lo peor fue el susto, y que habíamos averiado un poco la moto, y eso, porque realmente no estaba nada bien. La buena parte en el problema es que unos chavales, más jóvenes que yo en seguida nos atendieron, aunque caer no nos vio nadie, y nos dijeron en seguida que había que ir a su casa a arreglar dos pequeñas cosas que se habían torcido. Fuimos y las arreglamos, y más tarde el problema fue que debimos arreglarnos con el propietario, al que yo tenía ganas de decirle que se comprara una moto nueva y que con otra no me hubiera pasado, pero el tipo parecía muy gentil y se arregló rápido, por muy poco dinero: menos de 6 euros cada uno!! Quisimos invitar a los chicos que nos habían ayudado a comer, pero no vinieron al final, supongo que porque en la noche en Bajawa hace en realidad muchísimo frío como para andar conduciendo motos, aunque también quizá porque uno intentaba llevarse a Maurine a “dar una vuelta en moto” y Maurine les dijo de cenar todos juntos.
Al día siguiente, como Flores es una isla con muchos volcanes y hay muchas fuentes de agua caliente, fuimos a un lugar donde nos podíamos bañar en agua que estaba muy muy caliente, creo que unos cuarenta grados ¡Fue mi primer baño de agua caliente en todo el viaje! Aunque no sería el último, porque en Moni, nuestro siguiente destino, también había aguas de este tipo, aunque menos salvajes, y no tan limpias. Si en las primeras nos bañábamos prácticamente en un río, en las segundas habían una especie de dos piscinas, donde se bañaba muchísima gente. La primera estaba por encima de la segunda y es donde se bañaban los hombres. En la segunda, las mujeres. La primera no estaba increíblemente limpia, digamos, pero es que además el agua de la primera, caía a la segunda, así que os podéis imaginar que la de las mujeres estaba todavía menos limpia. Yo me metí, disimulé un poco, y al salir me fui al chorro y me bañé directamente allí, con jabón y todo.
En el viaje de camino a Moni, oh, gracia del destino, nos encontramos en el mismo autobús, con uno de los que nos reparó la moto, que iba a estudiar a Maumere y nos contó, que el otro se había ido a Ende, a estudiar también. Yo me alegré en verdad de poder pagarle una comida (a un euro) que finalmente pude pagarle.
En Moni, la principal atracción era el Kalimutu, un volcán inactivo que tiene además unos extraños lagos en su cráter, que pueden tener además tres colores distintos y que es todo un dilema, según decía la gente del lugar, saber porqué cambian de color. Subimos el Kalimutu, como no lo hace nadie, andando, porque todo el mundo se levanta más temprano o más tarde, toma un ojek (moto-taxi) o un bemo (pequeña furgoneta con pasajeros), llega al parking del Kalimutu, y en un paseo de veinte minutos se rinde a la montaña. El día en que fuimos era además un día en el que se hacía una celebración en la cima y habían bailes tradicionales y gente vestida para la ocasión. En el camino a la cima, pudimos disfrutar de paisajes muy bonitos, lo malo es que ya llegando a la cima, las nubes cubrían toda la visión, y lo único sensacional era sentirse en un jungla, donde veíamos monos y todo y se respiraba un olor húmedo, muy agradable.
En el camino a la cima, también nos sucedió otro de esos pasajes habituales ya en Flores, y es que las mujeres viajeras lo tienen que pasar realmente mal por aquí. Lo cierto es que a los hombres también se nos acosa bastante, pero se nos deja elegir y podemos decir no, pero para las mujeres es una falta de respeto total, que me quitaba incluso las ganas de estar con sus mujeres. Resulta que llegando a la cima, la gente nos pedía fotos, y normalmente pues es normal pensar que una foto no lleva a nada más, y si a mí una chica me dijo que eligiera entre cuatro, una, la que más me gustara, y le dije que no podía, porque todas eran demasiado guapas, y me fui, a Maurine, unos tipos, tras una foto intentaron besarla en los labios, y eso era muy desagradable. Además, por la noche, nos sucedió que un tipo con el que Maurine se había mostrado simplemente simpática, estando en un restaurante comiendo, entró con un amigo y se pusieron delante nuestra. A mí se me activó el sexto sentido que me lleva a que nunca me pase nada, me levanté y le dije a Maurine de irnos. Al salir, mientras yo no miraba, el tipo cogió la mano de Maurine e hizo un gesto dentro que quería decir claramente si quería follar. Al irnos a nuestro hotel, media hora después vino una chica diciendo que tenía miedo de que dos tipos vinieran a buscarla al hotel en la noche, una mallorquina, y yo confirmé tristemente que mi sexto sentido funciona bastante. Este es el peor aspecto de esta isla, sobretodo para las mujeres: la gran falta de respeto para ellas y verlas como carne, pero de manera muy desagradable, porque yo no tengo nada contra el sexo, al revés, mucho a favor, me puedo morir en el siguiente avió que coja, así que hay que vivir el cuerpo, pero las maneras aquí, no son maneras. Me acuerdo también, que en el camino en que veníamos de Bajawa a Moni, uno de los conductores, sin motivo ninguno, le dijo directamente a Maurine que uno de los letreros de su autobús, en donde había entre otros, pegatinas de la playboy, significaba una noche, en clara connotación sexual, para que se fuera con él y más tarde, cuando me fui al baño, aprovecharon para rodearla y sin tocarla ni nada, pero mantener conversaciones estúpidas, todas referidas a ligarla pero de un modo poco honesto. Yo no tengo nada con esta chica, pero a veces me daban ganas de matar a hostias a estos grandes maleducados.
También nos sirvió para preguntarnos cosas, como por ejemplo, cómo será ligar aquí o si conseguirán ligar con esos métodos. Yo creo que si lo hacen es porque consiguen cosas, pero creo que debe de existir también un mito hacia la occidental, como mujer fácil, quien sabe por qué, ¿un imaginario común en donde se cuenta eso? ¿que a alguien le salió y todo el mundo lo cree posible? ¿el cine porno, que tanto mal hace? A saber, pero es desesperante, tanto para ellas, que lo sufren, como para nosotros, que las vemos sufrir. La mallorquina estaba asqueada con tanta proposición. De todas formas, esta parte no quita las buenas vivencias, los grandes momentos vividos aquí, con también muy buena gente, tan sólo, nubla un poco ese recuerdo.
Voy a salir ahora de Flores, llego en unas cuatro horas y media a Jakarta, y Maurine se ha ido, se fue ayer dirección a Dempassar en Bali, con un avión desde Ende y se va esta noche con un avión a Suiza. No os lo había contado antes, pero Maurine es una estrella de la televisión Suiza, y en este viaje, alguna gente la ha reconozido, y si buscáis Maurine Boutin Mercier en google, la encontraréis, es rubia. La verda es que tras viajar casi veinte días con ella y conocerla y conocerla, que se vaya es muy triste, he llegado a quererla muchísimo, y me encantaría volver a verla. Maurine es una persona muy especial, muy inteligente, muy simpática, con mucho humor, una de esas personas que no querrías que se fueran jamás de tu entorno, pero la vida sigue y el mundo es así. Espero, como a Santi, poder volver a verla muy pronto y seguir manteniendo este buen espíritu que creamos en este viaje.

Hasta ahora Jakarta, hasta menos que nada, Maurine, hasta muy pronto para los que tras más de un mes, seguís leyendo mis posts, en especial a mi familia y sobretodo a mi hermana, que se llama Azahar y que claro es una de las flores más bonitas de esta isla que es Flores :)

jueves, 11 de agosto de 2011

Frío, castas y portugueses

Me encuentro ahora mismo en Bajawa, todavía en la isla de Flores y me siento muy contento de haber hecho el esfuerzo de llegar hasta aquí; este lugar es magnífico. El paisaje y el clima de Bajawa, son creo, de los más extraños que vi en mi vida. Bajawa está lleno de palmeras y de largas y gruesas cañas de bambú, asemeja muchísimo a un paisaje tropical y sin embargo, en Bajawa hace un frío increíble que me ha llevado incluso a tenerme que comprar una chaqueta. No se en verdad a qué se debe porque la ciudad se sitúa a 1100 metros de altura, pero estamos en el ecuador y jamás pensé que pudiera hacer tanto frío estando tan cerca del ecuador. A decir verdad, de una de las cosas que me he dado cuenta es de que Indonesia puede ser un paraíso para muchas cosas, pero que en Indonesia la temperatura no es tan alta como pudiéramos pensar y que cada día llueve. El único lugar de toda Indonesia en donde pasé un calor increíble fue en Papúa. Un calor más adaptado a mí; ya sabéis que soy como un lagarto y que siempre estoy bajo el sol.
Bajawa es conocida por ser la región donde viven los Ngada, que son una antigua asociación de tribus, con 4 clanes diferentes, que hasta principios del siglo XIX tenían un rey y su sistema social estaba rígidamente dividido en castas. Los Ngada siguen viviendo como hace siglos, y aunque tienen casas más modernas y ya no hay rey, las gentes sólo se pueden casar con gente perteneciente a su casta y hay cuatro, ni más ni menos.
Otro aspecto interesante de los Ngada son los sacrificios. De antigua confesión animista, construían unas extrañas sombrillas, como de playa -no pretendo comicidad-, y alrededor un montón de grandes piedras que representan fuerza. También, una especie de casas muy pequeñitas, con la puerta muy pequeñita, de madera y paja, como las sombrillas. Las sombrillas representan los ancestros barones y tienen forma fálica y las casas representan ancestros mujeres y es curioso que en las casas sea “donde podemos entrar”, en clara creo, connotación sexual. Para la construcción de ambos, se deben sacrificar muchos animales, búfalos y cerdos sobretodo, y hay que saber que un búfalo en indonesia puede costar unos dos millones de rupias indonesias, para un país donde el salario medio no debe de pasar los doscientos mil euros por mes. Imaginad llegar hasta dos millones y que encima con eso sólo tenemos un búfalo y que necesitamos por lo menos cuatro, e imaginad tener que repetir el proceso cada veinticinco años. Es mucho dinero, y una dura presión social.
Aprendimos todo esto visitando un antiguo poblado Ngada, donde nos encontramos una mujer que nos lo explicó voluntariamente, que tiene muchos amigos barceloneses y que trabaja con ellos para de desarrollo de su región, recibe un salario, y que es descendiente directa del linaje del último rey. Fue ella quien nos invitó también a una boda Ngada, lo cual fue interesantísimo. Todo el mundo estaba muy borracho, con vino de palma y bailaban en mitad de una pista de tierra, muy lentamente; era muy divertido. Bailaban eso sí, con música moderna y nos pedían que bailáramos. Ya sabéis que siempre en estas ocasiones digo como Drexler que “los músicos no bailamos”. Había también un tipo muy pesado mirando fijamente a Maurine, bailando todo el rato en frente de ella, y tenía el tipo una mirada extraña, una mirada que a ninguno de los dos nos gustaba y decidimos irnos de allí. Es cierto también, que en la boda se podía comer por casi nada de dinero, y que dando el equivalente a unos 80 céntimos de euro, nos pusieron para comer una barbaridad de comida, con búfalo y cerdo, y sopa y arroz y vino de palma, y que yo acabé harto y tocado por el vino de palma, que empieza a gustarme cada vez más.
Fuimos también ayer a otro poblado Ngada, a Bena, y fue también muy bonito, situado a los pies de un volcán que surgió tan sólo hace 10 años, de la nada ¿Os imagináis? Hay un terremoto cerca de casa, desalojas y te vas lejos y cuando vuelves ha nacido una montaña, un volcán, y vives entonces al lado de una montaña!!! Es cierto que este tipo de situaciones no son muy corrientes, pero Indonesia es el lugar del mundo con más actividad sísmica del mundo y eso es debido a que es tierra de volcanes, porque la lava hace mover las placas tectónicas, así que en estos parajes del mundo, es donde es más normal que te salga una montaña al lado de casa, que en cualquier otro lado del mundo: “que no se mueva la tierra, que no se mueva la tierra, que no se mueva la tierra... :D ”
Es también un lugar donde los aspectos cambian más y más, y aquí son cada vez más morenos y cada vez menos asiáticos, debido a la mezcla de hace siglos entre portugueses y gentes del lugar, que yo creo que tuvieron que mezclarse también con los bosquimanos, porque mira que son oscuros, aunque no diría que negros. Aquí la constitución es menos fina y hay chicas con caderas, además de que ellos también pueden ser más gorditos, a diferencia de lo habitual en el sudeste asiático, claros y finos. Ellas pueden tener también el pelo rizado y a decir verdad, yo las encuentro las menos bonitas de Indonesia, cuestión de gustos, después de las papúes.

En fin, tiempo de seguir, tiempo de ver más cosas, os voy contando, como sabéis, hasta pronto.

lunes, 8 de agosto de 2011

Mercados, geikos y caribes

Me encuentro ahora en Ruteng, en escala para ir a Bajawa y ayer estaba aun en Labuan Banjo, y del mismo modo como llegando a Wamena uno tiene la sensación de llegar a otra Jamaica, llegar a Flores es como llegar a otro Caribe, con su todo de palmeras, su verde cálido, sus aguaceros a la tarde, pero sobretodo la calidez de sus gentes, que tocan, que preguntan, que hablan, que quieren y son curiosos, que viven en casas de madera y se nutren de las relaciones que mantienen entre ellos.
Flores está más lleno de geikos que de flores, quizá porque estamos en estación seca. El geiko es uno de mis animales preferidos. Son una especie de lagartijas que viven de día y de noche y algunas de sus especies cantan como si fueran pájaros y cantan realmente fuerte y bien. Los geikos comen y eso es lo mejor, un montón de insectos voladores, entre ellos los mosquitos, que tantos problemas pueden traernos por estos contornos. Y puedo pasarme horas viendo cómo comen moscas y otros bichitos voladores y ver en cada una de sus comidas una victoria, ver en cada una de sus presas la sensación de ser menos presa yo ¿quién sabe si se están comiendo uno de esos mosquitos que podrían transmitirme cualquier cosa? Además me encantan sus movimientos, porque son capaces de saltar y de moverse muy rápido, pero su movimiento habitual es alternar estar quietos con moverse muy rápida y dinámicamente. Para mí son como un talismán protector, pero además un bichito que me gusta mucho, unos de mis animales preferidos.
Ayer por la mañana no sabíamos dónde ir y había la posibilidad de intentar ir a ver los famosos dragones de Komodo, que son una especie de cocodrilos que tienen tres ojos, que pueden hacer unos tres metros de largo y que son altamente peligrosos, y son una de las especies animales más antiguas que se conoce, se les pretende una especie de dinosaurios que sobrevivieron, unos de los pocos. De todas formas, vale un montón de dinero ir hasta la isla de Rinca para verlos y sólo se puede ver con circuito organizado, con un montón de otros turistas, que irán a tomar un montón de fotos, verlos desde lejos, con otro guía y para mí se va todo el encanto. Maurine me propuso coger un autobús cualquiera, el primero que encontráramos y decirle de conducir hasta donde nos apeteciera. No entienden mucho aquí el concepto de vagar para el turista y no podían comprender mucho que unos turistas no supieran dónde ir, así que no nos llevó muy lejos, y acabamos en una especie de bazar de la ciudad.
Los bazares de cualquier parte del mundo son de los lugares más interesantes que se puedan visitar en cualquier país en que caminemos, porque la gente muestra siempre su modo de ser, de relacionarse, de comerciar. Muestra lo que comen, muestra claro, los productos específicos de cada país, la fruta, también la exótica y otros alimentos, los utensilios comunes, etc. Vi ayer muchas de las frutas que ya conocía de mi anterior viaje por estos lindes, y vi que se venden muchos machetes, vi el betel, que se aleja de las zonas más modernas, más turísticas, aunque aquí no hay tanta gente que lo masca como en Papúa. Vi arroz negro, y unos fardos de arroz hechos con hoja de parra, vi grandes cocos y un hombre que los pelaba con un gran machete, y pollo expuesto al sol y pescado, sin refrigeración, pero bueno, podéis estar seguros que productos más frescos que aquí no encontraréis, porque de hecho creo que es el único país del mundo en donde del estómago, todavía no me he enfermado.
Estábamos en el mercado y nos sucedió una de las mejores situaciones del viaje y que no pueden suceder si no te alejas de los circuitos turísticos y de sus dragones de Komodo. Unos niños nos llamaron y vinieron a hacerse fotos con nosotros, y yo los fotografié de mil maneras, formas, gestos. Entonces apareció el padre hablando unas palabras en inglés y al rato de seguir caminando, habiendo dejado ya a la familia atrás, vino de nuevo el niño muy agradable, y cogió a Maurine de la mano y la llevó a su casa. Muy bonito. Luego el padre nos invitó a café tradicional de Flores, muy bueno y nos comentó que había querido ser guía turístico y que era la razón por la que hablaba un poco de inglés. Ahora se dedicaba a hacer comida para cerdos, que vendía y a vender otras cositas. Con eso debía alimentar una familia de cinco hijos y una mujer. Vivían en una casa en verdad muy miserable: de madera, con una cama para todos y sin mosquitera en un lugar endémico para la malaria, aunque esta afecta más cuando llegan las lluvias, en septiembre u octubre. La enfermedad la ha padecido aquí todo el mundo unas cuantas veces en su vida, y el mismo hombre que nos hablaba, la había padecido unas nueve veces según él. Nos contaba, también, que la electricidad le costaba mucho dinero, 10 euros por mes, ¡qué rabia que 10 euros al mes sea mucho dinero! ¡Y qué rabia no poder darle mi mosquitera, porque a decir verdad, yo la necesito también, pero si fuera el final del viaje, se la daba! No fuimos a ver los dragones, pero fuimos a ver a personas en un lugar donde jamás veían europedos, y el tipo estaba súper agradecido y nos quería invitar a comer pero rechacé, por no verme luego en el aprieto de querer pagarle la comida y que él no acceda: esa comida la necesita para sus hijos.
La nota discordante del día, y que es una tendencia que se va intensificando conforme nos adentramos en esta isla, es el hecho de que vemos poco respeto por el occidental y que se trata a hombres y mujeres como trozos de carne. Nos alejamos un poco de la calle turística ayer anocheciendo y fuimos hacia el mar, a pasar un rato, y llegamos al puerto, y unos niños empezaron a tocar el culo a Maurine y luego a mí incluso. Yo me giré y le dije oye chaval, no te pases, pero es que a Maurine, uno que ya no era tan pequeño llegó a meterle mano en el agujerito y eso sí fue muy desagradable y gente mayor que estaba por allí no dijo nada, no intervino. Estamos constatando, que conforme más nos adentramos, ahora más en Ruteng, las sugerencias hacia ella, incluso estando conmigo e incluso diciendo que estamos casados “para protegerla”, son muchísimas, se la rifan bastante desagradablemente y ella siente sus ojos pesados que no le gustan. Pero es que incluso a mí, cuando estoy solo es alucinante. Sobra un paseo de veinte minutos para alguna chica sobretodo en grupo te haga saber que le gustas, de manera un poco, incluso maleducada y parece que llegar a algo más es bastante sencillo. No sé, mira que me gustan a mí los piropos y el cariño y tal, pero es que aquí es un tanto extremo y llega a ser incluso molesto. En fin, eso no es más que un pequeño punto desagradable del viaje, y de todas formas lo pasamos muy bien, no nos quita tanto aire el hecho de esta característica, pero molesta.
De todas formas, siento conforme entro en Flores, la entrada a la autenticidad indonesia, siento que ya no están todos los comercios preparados para el turista, como en Bali o Lombok y esta es una isla preciosa, llena de paisajes volcánicos y de arrozales, una de las tierra con más movimiento sísmico del planeta, muy interesante y muy bella de explorar.

Pronto os cuento más: besos y flores.

sábado, 6 de agosto de 2011

Flores, ramadán y viajes imposibles

Tras salir de Bali y más tarde de Lombok, decidí con Maurine ir lo más lejos posible del turismo, para tener un verdadero contacto con la gente, que estábamos perdiendo en estas dos islas. A muchos os podrá parecer que esta huida empecinada del turismo es sólo una obsesión sin interés y que voy en busca de una exclusividad que no existe y todo eso y aquello, pero os diré que durante los días que estuve en Bali y luego en Lombok, me sentí como un monedero. El único interés de los lugareños en estos lugares era mi dinero, y no busco eso cuando viajo. Ahora mismo estoy en Lubuanbanjo, en la isla llamada Flores y que recibe su nombre por los primeros colonos de la isla, que fueron portugueses, y la relación con los locales aquí es completamente diferente. La gente nos sonríe en la calle, nos pregunta de dónde venimos y se interesa por nosotros, y esta relación es la que me parece interesante. Si me hago 10000 km. para estar en la otra parte del mundo y comunicar sólo con Europedos, ¿por qué diantres no me voy a Mallorca o Benidorn, que me saldrán más baratos? Me quedan unos doce días en Indonesia y los voy a pasar casi todos en esta isla. Ya he comprado un vuelo para volar desde Maumere a Jakarta el 17, el 18 me iré a Singapore, el 19 al norte de Malaysia, me sacaré el nivel de buceo “advanced”, para poder bucear hasta los treinta metros y me volveré a Europa.
Hace unos días, por otra parte, que comenzó el ramadán, pero el único lugar donde lo hemos sentido bien establecido debe de ser en Makassar, cuando estábamos en Sulawesi. En Lombok había un montón de sitios para comer, ningún problema con la gente. Ellos entienden que no somos musulmanes y que no tenemos por qué tener la misma obligación que ellos entonces se nos deja libertad de elección. En Flores no hay muchos musulmanes, pero justo en esta ciudad, alrededor del noventa por cien lo son y al igual que en Lombok se escuchan los minaretes a las 5 de la mañana para despertar al rezo. En Lombok fue bastante insoportable, la verdad: pusieron a un niño gritando durante horas el clásico musulmán allah weivak (o algo así, Alá es grande) y estábamos en un restaurante y nos tuvimos que ir de allí porque no podíamos ni siquiera hablar. Dicen, por otra parte, que en la isla de Java la gente es mucho más agresiva con la cuestión del islam y que comer en algún lugar público en la jornada sí que puede suponer que alguien se sienta molesto e incluso nos recrimine el hacerlo.
Hoy me siento un poco cansado, porque ayer vine directamente desde Lombok, vía tierra y mar, con ferrys. Salimos antes de ayer a las 10:30 y llegamos ayer a las 17. Un día y medio de viaje para 500 km. Encima el autobús nocturno era uno de los peores en los que me he subido en tiempo. Ponían gente en el pasillo y eran muy estrechos. Y la carretera era malísima y no había modo de estar quieto para dormir. No paraba de reírme de las posturas que tomaba Maurine, que hacía cosas rarísimas para poder dormir, incluso una vez me la vi durmiendo estirando una pierna. Muy divertido. De todas formas, prefiero viajar así y sentir cómo la gente de aquí viaja y porque no viaja, porque en verdad es pesado hacerlo. Porque para ellos es una tortura. Tengo hoy la garganta cargada como consecuencia de los malos aires acondicionados, pero estoy bien, se me pasa mañana.
Lo que sí me alegra es que por aquí la relación con los lugareños ya es otra, así que me voy a ir a disfrutarlo pasando por algunos poblados cercanos. Vine aquí en realidad pensando ir a ver el dragón de Komodo, pero me he dado cuenta de que eso está lleno de turistas y que ver al dragón se ha transformado en casi ir a un zoo, así que prefiero ver a la gente de los alrededores, que más y más turis. Pronto os lo cuento, de momento os mando besos y más besos.

martes, 2 de agosto de 2011

Ridículo y espanto al llegar a Mallorca

8:30 hora local, 1:30 en València, me encuentro en Bali. Antes de mi salida de Sulawesi, tenía una especie, más que de tristeza, de incertidumbre de dejar Sulawesi. Era consciente de que iba hacía los lugares más turísticos de este país, y me daba bastante miedo tanto europeo adinerado, que viene aquí a meterse en complejos turísticos y a ni siquiera saber que está en otro país, pudiera acabar por arruinar mi viaje. En un principio, tenía decidido venir a Bali y hacer si fuera posible, una especie de ruta alternativa, pero hablando con viajeros y más viajeros, llegué a la conclusión de que la ruta alternativa está tan secundada como la primera, y que no existe tercera ruta, así que he cambiado de idea y me marcho hacia Flores, la isla, poco a poco, y desde Ende, tomaré un avión a Jakarta, cueste lo que cueste. Sigo aun viajando con Maurine.
Ayer estuve otra vez en Makasar para coger el vuelo que me llevaría hacia donde estoy ahora. Ya no volveré en este viaje a esta ciudad y he descubierto que no es para nada interesante. Lo único que se puede visitar, que es el fuerte de Roterdam, que tiene un museo con la historia de la ocupación holandesa, tenía todas sus casas cerradas. Encima, ha comenzado el ramadán y con lo muerto de hambre que estaba, todo estaba cerrado, así que fui de excursión con Maurine a un centro comercial, a comer. Lo único interesante de la jornada ha sido pues, que me he dado cuenta de que los centros comerciales se gastan en Indonesia para demostrar poder adquisitivo. Todo está veinte veces más caro que en la calle, cuando tiene la misma calidad, y viene la gente con chófer a la puerta y salen de sus coches y el chófer sigue y todo tiene un aspecto patético y ridículo, pero necesitaba comer, auqnue luego quisiera salir corriendo de aquí.
Desde que he llegado a Bali, tengo la sensación de estar en Europa. Las carreteras están a un nivel excelente, tenemos todos los comercios habituales europeos, que si el pizza hut, que si mc donald's, ya casi no veo indonesios, excepto los que conducen los taxis y nos sirven los desayunos, y unos pocos que visten como en Europa, y hacen las mismas cosas. Me pregunto cuán diferente sería Bali cuando Margaret Mead a principios de siglo cuando venía a estudiar la cultura hindú de la isla. Esto ya no tiene nada que ver. No creo que este lugar vaya a enriquecer mi viaje, así que lo mejor que puedo hacer es marcharme, y es lo que voy a hacer. Pongo destino hacía la próxima isla, hacia Lombok, os pido disculpas por un post tan corto, pero es que no hay nada interesante como comprenderéis, que contar, esto es Mallorca, y os cuento algo nuevo pronto.

Buenos días desde Benidorm.

lunes, 1 de agosto de 2011

Pobreza, Stephen Wolf y ojos claros como amaneceres

Todavía con la moto, todavía en compañía de Maurine, todavía alojado en Rantepao, ayer estuve en un poblado de montaña llamado Sapan. La carretera es preciosa hasta Batutumonga, pero es más como el camino de los llanos. Cuando se pasa de Batutumonga, la carretera se transforma más en un camino de alta montaña y en algunos puntos parece que vaya a salir Heidi de algún rincón. La niebla es también más intensa, el aire huele más frío y las carreteras están a veces enfangadas y son difíciles para conducir.
No he hablado mucho sobre ello, prefería explicar lo magnífico del paisaje, pero es difícil conducir aquí, con un montón de baches en la carretera, con el barro de a veces, con las tremendas cuestas llenas de piedras. Un par de veces nos caemos de la moto, pero siempre muy lentamente, en punto muerto, parados. Voy muy lento y lo máximo a lo que llego son cuarenta kilómetros por hora, no más, así que un accidente no puede ser grave. Otro inconveniente es que se conduce por la izquierda, y que a veces hago estupideces, como tomar las rotondas a la inversa. Imaginad el espectáculo, aunque ya me voy habituado y cada vez que cojo la moto pienso, “izquierda, izquierda” y hago menos tonterías...
Ayer llegamos a Sapan, como digo, y al llegar encontramos una obra con andamios de caña de bambú, y andamios muy grandes, con pesadas, gruesas y largas cañas. Las descargaban de un camión como si fueran verdaderas vigas para construir un montón de casas tradicionales toraja, y en medio una plaza. Un hombre vino más tarde a hablarnos, un hombre que chapurreaba un poco de inglés, y pudimos entender que estaba construyendo un lugar ritual para el funeral de su padre, que había muerto el mismo año. Era un lugar muy similar al que vimos en los alrededores de Rantepao, en La'bo, cuando asistimos a los funerales y las ofrendas de cerdos y búfalos. Creímos comprender que el hombre estaba pagando toda esa construcción enorme, pero es que además estaba comprando un montón de cerdos y búfalos para ofrendarlos por la muerte de su padre.
Yo pienso, de hecho, que todo este sistema de entierros es obsesivo, y que constituye todo un sistema de pobreza, porque la gente gasta todo su dinero en funerales para sus seres queridos. No se puede escatimar, porque de hacerse el espíritu del ser amado velará para la desgracia de la familia por siempre. Eso supone que se pidan incluso créditos para honrar al máximo al muerto y que muchísima gente viva en un círculo vicioso de pobreza. El hombre que encontramos en Sapan, tendrá ya unos setenta años y si tras honrar a sus seres queridos, si a él le sucede una enfermedad o a los suyos vivientes, y tenía diez hijos, ni siquiera podría curarse, ni curarlos a ellos, puesto que aquí no hay seguridad social y los médicos se pagan.
Peses a ello, y pese a que el salario medio aquí es de unos doscientos euros, y pese a que esos datos son terriblemente confusos porque aquí los precios no son como en Europa y estos indicativos son muy tramposos, yo no veo en verdad, tan pobre a la gente aquí. Quiero decir, se nota que están nutridos, todo el mundo tiene una moto, no hay mendigos en la calle, aunque hay problemas con el alcohol.
Me reencontré ayer con Santi otra vez, en el restaurante donde como habitualmente, y nos dimos un abrazo y contamos nuestras batallitas a los que allí estaban, sobretodo el treking para locos. Lo cierto es que me alegré mucho de verlo. Lo veo esta noche otra vez y ya no lo veré seguramente en todo el viaje, pero seguro que lo veo por Europa, ya le tengo mucho aprecio y sé que él a mí también.
Ayer, cuando miramos la hora en Sapan, eran ya las 16:30, y aquí anochece a eso de las 18:00, debíamos entonces correr bastante, y de hecho llegamos como a las 18:40 masticando los mosquitos que salían a nuestro paso como consecuencia de la venida de la luna. Me gusta conducir mi moto y me gustan los obstáculos de la carretera y tener que evitarlos y todo eso. Me gusta la complicación de tener que conducir por la izquierda, sólo lo hace más divertido, me gustan los paisajes, la sonrisa de las gentes aquí, el olor húmedo. Me gusta lo que estoy viviendo y a veces me siento como Stephen Wolf en Born to be wild en busca de otra carretera desconocida, un obsesivo buscador de lo nuevo, un evadido, un fugitivo, un dandy huyendo del hastío. Voy a darle otra vuelta al motor entre caminos perdidos en búsqueda de una nueva frontera, de un nuevo arco iris, un nunca jamás, una isla del tesoro ¿alguien se viene?

Hasta pronto.