lunes, 18 de julio de 2011

Descanso, mosquitos y Wamena

El día de ayer fue un día de no hacer demasiadas cosas, un día de descanso merecido, tras un trekking realmente muy duro. Al llegar aquí me di cuenta que no dominaba mi nueva cámara “Pentax K5”lo suficiente y que mis primeras fotos no habían sido tan satisfactorias como las esperaba, así que utilicé mi día para leer el manual de la máquina y hacer unas cuantas pruebas. Además, dio la coincidencia de que fue un día bastante lluvioso, con lo que la excusa estuvo más que servida.
Hoy, ya más descansado y con un día un poco menos lluvioso, aunque mientras escribo estas líneas un poco sí que llueve, fue el día de ir a visitar Suroba y Dugun, dos pequeños poblados de la parte norte del valle, que parecían muy interesantes según la guía de Lonely Planet (que todavía no he abierto y que siempre leen los demás, a mí me aburre, prefiero aprender preguntando a la gente). Tomamos en la mañana un becak, que es un transporte similar a una bicicleta, con tracción humana,  y que delante, en vez de llevar una sola rueda, lleva dos y en medio un pequeño asiento donde caben dos personas muy apretadas. Tras ello tomaríamos un bemo -un autobusito de tipo furgoneta- para ir a los dos poblados, que se sitúan muy cerca uno del otro, y se pueden hacer a pie.
Llegamos sin demasiadas complicaciones, practicando fotos con mi nueva cámara -que luego comprobaría que cada vez salen mejor, con mejores resultados- y cuando llegamos a la terminal de bemos, tras esquivar algunos caza-turistas listillos y habituales, tomamos el bemo y en sólo 15 minutos ya estábamos allí.
Decidimos primero ir al poblado de Suroba, muy bonito, precedido por un puente de madera un tanto tétrico, parecía salido de una película de terror de caníbales, y en realidad lo que anunciaba era un cenagal. En efecto, Suroba es un pueblecito muy bonito, donde las casas se dividen en diversas empalizadas familiares, ocupadas por las diversas familias -quiero decir-, y que parecen de algún modo hechas para protegerse del exterior. De todas formas, hemos podido pasar sin problemas, tomar fotografías y hablar con las familias, pero no hemos estado mucho tiempo, y ni siquiera hemos ido a Dugun, porque estando en Suroba, poco a poco empezó a llover, y siendo también que es campo, y además, realmente muy fangoso, antes de que lloviera, detecté un montón de anófeles (el mosquito que transfiere la malaria y que he aprendido a reconocer: conocimiento es poder), y aunque la inmensa mayoría no transmite el virus, y sólo lo transmite le hembra, que es más pequeña que el macho, hemos decidido que nos amamos, y nos hemos vuelto a Wamena, sin que nos haya picado ninguno!! No os preocupéis!!
A la vuelta hemos salido a comer, y a tirar algunas fotos por Wamena. Yo estoy contento porque voy dominando mi nueva K5. Una anécdota graciosa es que vimos dos chicas asiáticas, muy guapas y Santi les pidió hacerse una foto, y las dos querían salir conmigo, primero las dos, luego la una y luego la otra. Siempre está bien que le suban a uno la moral, ¿no? ^^
Ahora estoy en el hotel, y mañana saldremos de Wamena para Sentani, a ver unos poblados para pescadores en un lago cercano. Esta noche comemos con nuestros amigos euskaldunes, que acaban de llegar y dejo este rinconcito del mundo, que realmente me ha encantado como pocos, pues quedan pocos lugares tan auténticos como éste, y sólo lamento que el estado indonesio sólo los utilice para explotarlos, y que en esta parte de su país se invierta realmente muy poco, como pasa en tantos y tantos rinconesdel mundo -como el kurdistán turco o sirio, la zona este y sur de Myanmar, etc.-, que quieren legislarse autonomamente, merced a una cultura realmente distinta.

p.s. de las picadas de pulga, en sólo dos días casi ya no pican, con lo que las buenas sensaciones del trekking, saben veinte veces mejor.

Ioh (adiós), como dicen mis hermanos Papúes!!

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