Como muchos de vosotros sabéis, me he vuelto a marchar de viaje, para variar. Creo que algún día viajar debería de convertirse en lo que hago, porque en realidad estoy hecho para esto. Me encanta. Este año, mi destino es otra vez el sudeste asiático, pero este año voy un poco más hacia el sur. Este año voy a pasar por Malasia, Brunei y Singapur, pero ante todo, voy a estar cuarenta y dos días en Indonesia. Como el año pasado parece que gustó y a mi me gustó también re-leerme, este año como el pasado voy a escribir aquí la historia de lo que haga. Este año, como el pasado, espero que os guste, pero este año, a diferencia del pasado, espero que me escribáis de vez en cuando, me preguntéis cosas, me animéis a seguir escribiendo. No podéis imaginar qué alegría da saber que alguien lee lo que escribes, qué ánimo. Ya no te sientes sólo frente a tus letras y se llenan de vida del algún modo extraño y precioso.
Mi viaje no comenzó hoy, comenzó ya no sé cuándo, hace un día o dos ¿? El caso es que llevo un descontrol horario total. Ayer mismo estaba en París, quiero decir, hace unas doce horas. Estuve con un primo mío muy interesante, y con Roque por la noche, no menos interesante. Los dos llenos de vida. A mí me sorprendió de París la variedad raciológica (que no racial). Ya había estado, pero no me acordaba de la cantidad enorme de migración que hay. En algunos momentos, costaba encontrar caucásicos, en un país tradicionalmente caucásico, y en realidad es impresionante, y se respira ese aroma del centro de un imperio tan grande como fue el francés, y que sigue siéndolo, claro, aunque ahora financieramente. Sorprende también lo estrecho de los sitios. Hay tanta gente, que se han acostumbrado a vivir muy apretados. Los bares están llenos, las calles están llenas y a mí me da algo de agobio, nunca me he acostumbrado a los sitios tan grandes. Sin embargo, pese a que vivir, seguramente debe de ser muy caro, desplazarse y la comida no es tan tan cara como en Inglaterra, que me parece todavía uno de los lugares menos habitables que jamás encontré.
Estuve pocas horas, y algo curioso que vi es que frente a la residencia donde me acogía, porque vive, Roque, había una paraeta con libros de "Le petit Prince" en muchas lenguas distintas. Los que me conocen saben que los colecciono, en todas las lenguas posibles. Alguien me regaló una vez un ejemplar y se lo agradeceré siempre porque este libro me parecerá siempre magnífico. Como esa persona me escribió en la dedicatoria, es un libro que conlleva mucha reflexión y que se puede admirar y aprender algo teniendo muy pocos años o teniendo muchos. Por un momento, pensé comprar los que no tenía, pero entré en razón y no lo hice. 50 días arrastrando un capricho pesado no es muy cuerdo ¡Quizá a la vuelta!
Lo cierto también es que mientras os escribo, me descubro con un sueño increíble. Estoy en un Starbucks en el aeropuerto de Kuala Lumpur, esperando un vuelo que saldrá dentro de 6 horas, donde me podía conectar a internet, y vengo de hacer 12 horas y media de asfixiante vuelo, con Air Asia, que para que nos entendamos, es algo así como pasar 12 horas en un avión de Ryan Air. poca comida, mucho ruido, no mucha comodidad, y se paga hasta por respirar. De hecho, ponen la climatización a toda potencia y casi te obligan a comprar el kit de comodidad, que incluye una manta, pero cuesta 9€, porque hace un frío increible y creo que es aposta: jamás tuve tanto frío en un avión.
Me di cuenta también de que todos los franceses que iban en el vuelo, llevaban una guía que incluye solamente Bali y Lombok (dos islas del archipiélago indonesio), que deben ser seguramente las más turísticas y donde cada vez tengo menos ganas de ir: eso sería París, segunda parte. Otra cosa que me sorprendió de nuevo, fue una sensación que ya sentí el año pasado viniendo al sudeste asiático: es ese calor húmedo que sientes al salir del avión y que a todo el mundo molesta salvo al lagarto que soy, que en cuanto empieza a hacer calorcito ronroneo como un gato. Pero además oler esa olor a húmedo caliente, para mi es genial. Es de verdad como estar en otro mundo, ya sólo respirando. Simplemente con respirar este aire, ya me sentiría aquí. Por otra parte, y por qué no decirlo, las chicas asiáticas siguen estando tan y tan guapas como siempre ^^
Para acabar este primer post, y en referencia a mi título, me he dado cuenta de que volábamos hacia la noche, como si la cazáramos y en fin la hemos cazado y la hemos matado, porque llegamos hacia la noche y la dejamos atrás. Cuando he llegado a Kuala, eran las 6 de la mañana hora local, y serían las 12 de la noche en Europa, así que este día ha sido un día sin noche, y entre lo cansado que estoy y todo el tiempo que me queda por esperar, me voy a ir durmiendo de silla en silla de este aeropuerto. Mi siguiente vuelo va a Makassar, a la 13:40 y luego a las 2 de la mañana vuelo a Jayapura. Un poco masoca, sí, voy a llegar rebentado, pero sarna con gusto no pica, como dicen, ni aunque vivas en un día al que le robaste la noche...
Hasta pronto! :)
en principio.. desde Euskal Herria, un gran abrazo internacional, anda caminos dandy, anda y vuelve andar como forma de vivir, y entender al ser humano, que no hay mejor universidad que recorrer sendas desconocidas guiandote o, mejor dicho, dejandote guiar por un espiritu de libertad, que ahí por donde estés nadie podra decirte qué soñar.
ResponderEliminarfer
Gracias Fer!! Al final tú vas a Myanmar?
ResponderEliminarFidel te escrito pero en oro blog que tienes no se si te ha llegado
ResponderEliminar