Son las 19:43 hora local, y la 13:43 en vuestro mundo y me he tirado todo el santo día durmiendo. El caso es que anoche, a eso de la 1 (hola local), me dirigía a hacer mi facturación, cuando vi que el avión que yo tenía que tomar no estaba notificado en los paneles de salida y pensé que era extraño, pero de algún modo supe a ciencia cierta ya en ese momento, que mi avión no iba a salir, y que sólo tenía que averiguar por qué. Tras ir a información, me mandaron a las oficinas de “Batavia air” -sí, voy a volar con eso- y allí me informaron de que el día 3 de julio me habían llamado una vez, sin respuesta. Entonces les expliqué que a mi nadie me había llamado, y ellos me dieron como excusa que mi número no era el bueno, yo les decía que sí, pero que ¡oh, progreso! en los números de teléfono hay que incluir prefijos. En resumidas cuentas, me ofrecieron una noche de hotel, con comidas pagadas y traslado del hotel al aeropuerto y viceversa para volar al siguiente día a la misma hora. Yo les ofrecí que me trasladaran a otra empresa, sin ningún resultado y ahora me encuentro aún en Udang Padang sin haber visto aun demasiado.
Llegué al hotel a eso de las 2 de la madrugada y pensé aquello que decía mi tío de “visto el melonar, visto el melonero” cuando me decía que el taller había que tenerlo limpio para cuando íbamos a las casas, que el cliente pensara que éramos tan limpios como en el taller. El caso es que la oficina de Batavia air, no la limpiaban ni por error. Estaba sucísima: con rayajos por la pared, todo desordenado, un oficinista durmiendo por el suelo, pero el hotel al que me llevaron, el “Darma Nusantara II”, está de verdad muy limpito y seguramente me han dado la mejor habitación de hotel que tendré en todo el viaje.
A menudo pensamos, que un día perdido en un viaje, es un día de menos y como decía Javier Pérez Reverte en sus viajes por África, un día perdido es siempre la oportunidad de otras cosas. De hecho, en viaje hay que olvidar que el tiempo existe, ya que no es sólo la mejor manera, sino la única, de disfrutar un viaje. Tu tiempo ya no debe medirlo el reloj sino las pulsaciones del viaje: un tiempo verdaderamente humano, el tiempo de las sensaciones. Entonces, si un día no podemos tomar un avión, no debemos pensar un día menos, debemos ser positivos, porque perderemos muchos del mismo modo, y pensar qué podemos ganar. Yo pensé que era la oportunidad de visitar Makassar (no lo he dicho pero llamamos indistintamente Udung Padang y Makassar a esta ciudad), pero me he dado cuenta de que a decir verdad, primeramente, me encuentro a 24 km del centro en un lugar donde no es precisamente fácil quizá llegar, porque estoy al lado del aeropuerto. En segundo lugar, cómo le explico a alguien dónde estoy exactamente, me daba miedo tener que acabar pagando un taxista que me cobrara un precio desorbitado por volver, porque este no es un lugar que conozca mucha gente. De todas formas, la ciudad sólo tiene un fuerte holandés, que no sé hasta qué punto debe de ser interesante. Si hubiera estado en el centro, hubiera ido a verlo, y de todas formas, me propuse ir a verlo después de comer. Pero esta mañana me levanté y fui a desayunar que es la única comida que al final me pagaban y había huevos con arroz y té -bienvenido al sudeste asiático, donde casi no se come azúcares. Comí, porque hay que forzarse a comer aunque no nos apetezca y tomar horarios y costumbres locales, y quería ir a mirar un poco mis mails y escribir mi blog esta mañana. El caso es que mientras escribía y contestaba mails me daba cuenta de que mi cuerpo no había descansado lo suficiente, a veces lo respeto muy poco y lo he maltratado mucho con tanta falta de sueño. Incluso ahora que escribo, sigo estando muerto de sueño. En fin, que no he reunido las fuerzas para salir a ver la ciudad y que me he quedado dormido como si no existiera el mundo. Una pesada losa cayó sobre mí.
Ahora que me levanto, me doy cuenta cuan importante es tomar somníferos en los aviones de larga distancia, porque es importante preparar tu cuerpo para el lugar en el que aterrizarás. Yo tenía y los olvidé en mi casa de Toulouse, pero a la vuelta compro uno y me tiro el viaje durmiendo, para que cuando me despierte, aunque todo parezca extraño yo por lo menos, esté descansado para afrontar la jornada que empiece. Estaré confuso, pero no cansadísimo, como ahora estoy. De hecho, sigo teniendo las solas ganas de volver a la cama y esto ya pierde toda lógica porque son las 14 horas en vuestras casas y las 20 horas aquí. Espero dormir en el avión a Jayapura entre las 2:45 y las 7, hora en la que llego. Una cosa de la que me doy cuenta, por cierto, es que los aviones siempre me hacen dormir. Me duermo en todos los trayectos de avión y eso que nunca consigo dormir en un tren.
La única noticia positiva del día, y esta es genial, es que el año pasado, en Myanmar, encontré a un vallisoletano majísimo llamado Santi, un tipo de unos 50 años, muy peculiar y con un desparpajo que da envidia. Uno de estos personajes que sabe atraer a la gente y que le escuchen cuando habla y da la coincidencia de que me cuenta que él llegaba hoy a Jayapura, a las 14 del mediodía. Entonces nos vamos a encontrar en los sitios más diversos y dispares posibles. De Myanmar a Indonesia, me pregunto cuál será el siguiente. Me alegro mucho de que esté por aquí. Es siempre muy divertido viajar con él.
Estoy verdaderamente excitado con la idea de llegar a Yajapura. La cultura allí dicen que es de lo más idiosincrásico del planeta con tipos que siguen vistiéndose con taparrabos, además la raciología es muy diferente, son bosquimanes -para que nos entendamos, menos chinos y más negros-, y cuando llamé a la embajada de Indonesia para preguntar para llegar aquí, me dijeron que es un poco como el país vasco del estado español. De hecho hay voces de independencia y a veces la cosa se pone ruda. Esta gente quiere vivir en sus siglos y me parece legítimo y escuchable. Algo que no es tan sugerente es que según me dijo un hombre que encontré ayer, mientras esperaba mi vuelo, las condiciones sanitarias son las peores de toda Indonesia y que debido a ello, hay proliferación de Malaria. En efecto, el anofeles, el mosquito que transmite la enfermedad se cultiva en aguas estancadas, y en todo el sudeste asiático, son muy cuidadosos en hacer que el agua fluya, justo por eso. En Myanmar o Tailandia, no hay casi mosquito y de las grandes ciudades está erradicado, pero no en Papúa, que es seguramente el lugar donde voy donde seguramente más hay. De todas formas, llevo un buen spray anti mosquito y me pondré sobretodo la noche, pero también seguramente de día, pese a que el mosquito sólo pica de noche y en el día va a dormir. En realidad, no es tan peligroso como parece y de verdad los spray antimosquitos son muy potentes. Cuando te pones, no se te acerca ni un sólo mosquito. Hay que tener cuidado cuando te mojas, y ponerte de bueno, pero es difícil que un mosquito se acerque si tienes puesto este potentísimo spray antimosquitos que llevo. En fin, como decía Castaneda sobre los rituales chamanes, que tenían que ver con drogas, las drogas hay que tomarlas con respeto pero sin miedo, y yo tomo esta frase para mis viajes, que hay que viajar con respeto, pero sin miedo, con precaución, pero que el miedo no te paralice a hacer nada. Y algo magnífico es que me voy a una jungla, la más espesa donde seguramente jamás estuve...
bueno, son las 20:30 ahora mismo, y tengo hambre, así que os dejo aquí, voy a comer seguramente arroz, para variar y ya vuelvo a molestaros en otro momento. Que la rueda de la fortuna gire a nuestro favor, amigos míos ;)
FIDEL ESTAMOS LEYENDO TU BLOG, Y NOS PARECE QUE PREVALECE TU ESTADO DE ANIMO EN CADA MOMENTO MAS QUE LO QUE NOS INTERESA,(olores, paisajes,los nativos,la vida cotidiana etc)de todas formas creo que acabas de empezar, pero es mas interesante si quieres rellenar que cuentes algo de la historia del pais. esperamos que en lo sucesivo seas mas explicito en tu descripcion de lo que ves
ResponderEliminarUn fuerte abrazo de tu padre y la Isa
Papa, aun no habia visto ningun nativo, y todos lso dias no puedes aprender tanto. Un abrazo ;)
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