Todavía con la moto, todavía en compañía de Maurine, todavía alojado en Rantepao, ayer estuve en un poblado de montaña llamado Sapan. La carretera es preciosa hasta Batutumonga, pero es más como el camino de los llanos. Cuando se pasa de Batutumonga, la carretera se transforma más en un camino de alta montaña y en algunos puntos parece que vaya a salir Heidi de algún rincón. La niebla es también más intensa, el aire huele más frío y las carreteras están a veces enfangadas y son difíciles para conducir.
No he hablado mucho sobre ello, prefería explicar lo magnífico del paisaje, pero es difícil conducir aquí, con un montón de baches en la carretera, con el barro de a veces, con las tremendas cuestas llenas de piedras. Un par de veces nos caemos de la moto, pero siempre muy lentamente, en punto muerto, parados. Voy muy lento y lo máximo a lo que llego son cuarenta kilómetros por hora, no más, así que un accidente no puede ser grave. Otro inconveniente es que se conduce por la izquierda, y que a veces hago estupideces, como tomar las rotondas a la inversa. Imaginad el espectáculo, aunque ya me voy habituado y cada vez que cojo la moto pienso, “izquierda, izquierda” y hago menos tonterías...
Ayer llegamos a Sapan, como digo, y al llegar encontramos una obra con andamios de caña de bambú, y andamios muy grandes, con pesadas, gruesas y largas cañas. Las descargaban de un camión como si fueran verdaderas vigas para construir un montón de casas tradicionales toraja, y en medio una plaza. Un hombre vino más tarde a hablarnos, un hombre que chapurreaba un poco de inglés, y pudimos entender que estaba construyendo un lugar ritual para el funeral de su padre, que había muerto el mismo año. Era un lugar muy similar al que vimos en los alrededores de Rantepao, en La'bo, cuando asistimos a los funerales y las ofrendas de cerdos y búfalos. Creímos comprender que el hombre estaba pagando toda esa construcción enorme, pero es que además estaba comprando un montón de cerdos y búfalos para ofrendarlos por la muerte de su padre.
Yo pienso, de hecho, que todo este sistema de entierros es obsesivo, y que constituye todo un sistema de pobreza, porque la gente gasta todo su dinero en funerales para sus seres queridos. No se puede escatimar, porque de hacerse el espíritu del ser amado velará para la desgracia de la familia por siempre. Eso supone que se pidan incluso créditos para honrar al máximo al muerto y que muchísima gente viva en un círculo vicioso de pobreza. El hombre que encontramos en Sapan, tendrá ya unos setenta años y si tras honrar a sus seres queridos, si a él le sucede una enfermedad o a los suyos vivientes, y tenía diez hijos, ni siquiera podría curarse, ni curarlos a ellos, puesto que aquí no hay seguridad social y los médicos se pagan.
Peses a ello, y pese a que el salario medio aquí es de unos doscientos euros, y pese a que esos datos son terriblemente confusos porque aquí los precios no son como en Europa y estos indicativos son muy tramposos, yo no veo en verdad, tan pobre a la gente aquí. Quiero decir, se nota que están nutridos, todo el mundo tiene una moto, no hay mendigos en la calle, aunque hay problemas con el alcohol.
Me reencontré ayer con Santi otra vez, en el restaurante donde como habitualmente, y nos dimos un abrazo y contamos nuestras batallitas a los que allí estaban, sobretodo el treking para locos. Lo cierto es que me alegré mucho de verlo. Lo veo esta noche otra vez y ya no lo veré seguramente en todo el viaje, pero seguro que lo veo por Europa, ya le tengo mucho aprecio y sé que él a mí también.
Ayer, cuando miramos la hora en Sapan, eran ya las 16:30, y aquí anochece a eso de las 18:00, debíamos entonces correr bastante, y de hecho llegamos como a las 18:40 masticando los mosquitos que salían a nuestro paso como consecuencia de la venida de la luna. Me gusta conducir mi moto y me gustan los obstáculos de la carretera y tener que evitarlos y todo eso. Me gusta la complicación de tener que conducir por la izquierda, sólo lo hace más divertido, me gustan los paisajes, la sonrisa de las gentes aquí, el olor húmedo. Me gusta lo que estoy viviendo y a veces me siento como Stephen Wolf en Born to be wild en busca de otra carretera desconocida, un obsesivo buscador de lo nuevo, un evadido, un fugitivo, un dandy huyendo del hastío. Voy a darle otra vuelta al motor entre caminos perdidos en búsqueda de una nueva frontera, de un nuevo arco iris, un nunca jamás, una isla del tesoro ¿alguien se viene?
Hasta pronto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario