lunes, 8 de agosto de 2011

Mercados, geikos y caribes

Me encuentro ahora en Ruteng, en escala para ir a Bajawa y ayer estaba aun en Labuan Banjo, y del mismo modo como llegando a Wamena uno tiene la sensación de llegar a otra Jamaica, llegar a Flores es como llegar a otro Caribe, con su todo de palmeras, su verde cálido, sus aguaceros a la tarde, pero sobretodo la calidez de sus gentes, que tocan, que preguntan, que hablan, que quieren y son curiosos, que viven en casas de madera y se nutren de las relaciones que mantienen entre ellos.
Flores está más lleno de geikos que de flores, quizá porque estamos en estación seca. El geiko es uno de mis animales preferidos. Son una especie de lagartijas que viven de día y de noche y algunas de sus especies cantan como si fueran pájaros y cantan realmente fuerte y bien. Los geikos comen y eso es lo mejor, un montón de insectos voladores, entre ellos los mosquitos, que tantos problemas pueden traernos por estos contornos. Y puedo pasarme horas viendo cómo comen moscas y otros bichitos voladores y ver en cada una de sus comidas una victoria, ver en cada una de sus presas la sensación de ser menos presa yo ¿quién sabe si se están comiendo uno de esos mosquitos que podrían transmitirme cualquier cosa? Además me encantan sus movimientos, porque son capaces de saltar y de moverse muy rápido, pero su movimiento habitual es alternar estar quietos con moverse muy rápida y dinámicamente. Para mí son como un talismán protector, pero además un bichito que me gusta mucho, unos de mis animales preferidos.
Ayer por la mañana no sabíamos dónde ir y había la posibilidad de intentar ir a ver los famosos dragones de Komodo, que son una especie de cocodrilos que tienen tres ojos, que pueden hacer unos tres metros de largo y que son altamente peligrosos, y son una de las especies animales más antiguas que se conoce, se les pretende una especie de dinosaurios que sobrevivieron, unos de los pocos. De todas formas, vale un montón de dinero ir hasta la isla de Rinca para verlos y sólo se puede ver con circuito organizado, con un montón de otros turistas, que irán a tomar un montón de fotos, verlos desde lejos, con otro guía y para mí se va todo el encanto. Maurine me propuso coger un autobús cualquiera, el primero que encontráramos y decirle de conducir hasta donde nos apeteciera. No entienden mucho aquí el concepto de vagar para el turista y no podían comprender mucho que unos turistas no supieran dónde ir, así que no nos llevó muy lejos, y acabamos en una especie de bazar de la ciudad.
Los bazares de cualquier parte del mundo son de los lugares más interesantes que se puedan visitar en cualquier país en que caminemos, porque la gente muestra siempre su modo de ser, de relacionarse, de comerciar. Muestra lo que comen, muestra claro, los productos específicos de cada país, la fruta, también la exótica y otros alimentos, los utensilios comunes, etc. Vi ayer muchas de las frutas que ya conocía de mi anterior viaje por estos lindes, y vi que se venden muchos machetes, vi el betel, que se aleja de las zonas más modernas, más turísticas, aunque aquí no hay tanta gente que lo masca como en Papúa. Vi arroz negro, y unos fardos de arroz hechos con hoja de parra, vi grandes cocos y un hombre que los pelaba con un gran machete, y pollo expuesto al sol y pescado, sin refrigeración, pero bueno, podéis estar seguros que productos más frescos que aquí no encontraréis, porque de hecho creo que es el único país del mundo en donde del estómago, todavía no me he enfermado.
Estábamos en el mercado y nos sucedió una de las mejores situaciones del viaje y que no pueden suceder si no te alejas de los circuitos turísticos y de sus dragones de Komodo. Unos niños nos llamaron y vinieron a hacerse fotos con nosotros, y yo los fotografié de mil maneras, formas, gestos. Entonces apareció el padre hablando unas palabras en inglés y al rato de seguir caminando, habiendo dejado ya a la familia atrás, vino de nuevo el niño muy agradable, y cogió a Maurine de la mano y la llevó a su casa. Muy bonito. Luego el padre nos invitó a café tradicional de Flores, muy bueno y nos comentó que había querido ser guía turístico y que era la razón por la que hablaba un poco de inglés. Ahora se dedicaba a hacer comida para cerdos, que vendía y a vender otras cositas. Con eso debía alimentar una familia de cinco hijos y una mujer. Vivían en una casa en verdad muy miserable: de madera, con una cama para todos y sin mosquitera en un lugar endémico para la malaria, aunque esta afecta más cuando llegan las lluvias, en septiembre u octubre. La enfermedad la ha padecido aquí todo el mundo unas cuantas veces en su vida, y el mismo hombre que nos hablaba, la había padecido unas nueve veces según él. Nos contaba, también, que la electricidad le costaba mucho dinero, 10 euros por mes, ¡qué rabia que 10 euros al mes sea mucho dinero! ¡Y qué rabia no poder darle mi mosquitera, porque a decir verdad, yo la necesito también, pero si fuera el final del viaje, se la daba! No fuimos a ver los dragones, pero fuimos a ver a personas en un lugar donde jamás veían europedos, y el tipo estaba súper agradecido y nos quería invitar a comer pero rechacé, por no verme luego en el aprieto de querer pagarle la comida y que él no acceda: esa comida la necesita para sus hijos.
La nota discordante del día, y que es una tendencia que se va intensificando conforme nos adentramos en esta isla, es el hecho de que vemos poco respeto por el occidental y que se trata a hombres y mujeres como trozos de carne. Nos alejamos un poco de la calle turística ayer anocheciendo y fuimos hacia el mar, a pasar un rato, y llegamos al puerto, y unos niños empezaron a tocar el culo a Maurine y luego a mí incluso. Yo me giré y le dije oye chaval, no te pases, pero es que a Maurine, uno que ya no era tan pequeño llegó a meterle mano en el agujerito y eso sí fue muy desagradable y gente mayor que estaba por allí no dijo nada, no intervino. Estamos constatando, que conforme más nos adentramos, ahora más en Ruteng, las sugerencias hacia ella, incluso estando conmigo e incluso diciendo que estamos casados “para protegerla”, son muchísimas, se la rifan bastante desagradablemente y ella siente sus ojos pesados que no le gustan. Pero es que incluso a mí, cuando estoy solo es alucinante. Sobra un paseo de veinte minutos para alguna chica sobretodo en grupo te haga saber que le gustas, de manera un poco, incluso maleducada y parece que llegar a algo más es bastante sencillo. No sé, mira que me gustan a mí los piropos y el cariño y tal, pero es que aquí es un tanto extremo y llega a ser incluso molesto. En fin, eso no es más que un pequeño punto desagradable del viaje, y de todas formas lo pasamos muy bien, no nos quita tanto aire el hecho de esta característica, pero molesta.
De todas formas, siento conforme entro en Flores, la entrada a la autenticidad indonesia, siento que ya no están todos los comercios preparados para el turista, como en Bali o Lombok y esta es una isla preciosa, llena de paisajes volcánicos y de arrozales, una de las tierra con más movimiento sísmico del planeta, muy interesante y muy bella de explorar.

Pronto os cuento más: besos y flores.

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