miércoles, 13 de julio de 2011

Marte, la selva y la casualidad



Son ahora mismo las 17:04 hora marciana, 10:02 en vuestro planeta tierra. Hay una palabra que me gusta mucho en francés: es el dépaysement. El dépaysement sería algo así como “despaisarse”, es decir; introducirte en algún sitio que ya no es tu lugar, en donde no reconoces nada. Venir a la Papua Indonesia, no es “despaisarse”, es “demundarse”, es entrar directamente en otro planeta, en otro mundo. Y debería haber un placa de bienvenida al llegar que dijera “bienvenidas señoras, están ustedes entrando en Marte!”.
Tomé como sabéis ayer mi vuelo entre Makassar y Jayapura. Una extraña excitación se apoderaba de mí. Me sentía grande de ir a los sitios más pequeños, más escondidos, más desconocidos. El avión era finalmente un airbus, que no estaba tan mal. No tenía pinta de caerse, y la prueba es que aquí estoy.
La región de Papúa quiso ser declarada en independiente progresivamente por los holandeses, a partir del final de la segunda guerra mundial, por declararla culturalmente distinta al resto de indonesia. Pero los holandeses tenían otro plan para el lugar y decidieron incluirla en el estado Indonesio. A partir de 1969 y tras una gran revuelta en 1965, se empezó, como diría Platón, a invadir por nacimientos. Se promocionó la migración de indonesios en en lugar y en la actualidad, en Papúa viven alrededor de un millón de Papúes y 5 millones de “extranjeros”.
El lugar es realmente alucinante. Cuando llegas, ves esas extrañas caras, que no son africanas pero son negras, que no son asiáticas, ni mucho menos, y te preguntas un poco dónde estás. Parece un viaje a Jamaica. El primer bosquimano que he visto, la verdad es que me ha sorprendido mucho. Era mi primero, con 29 años. Tienen las facciones muy finas y son bajitos, pero tienen, cuando son sedentarios, mucho culo y barriga. También he visto ya miembros de la tribu de los Danis, que se visten con un trozo de madera cubriendo el falo y poco más. De verdad es muy interesante. Confieso un poco de pudor al verlos, porque es que van casi desnudos y es muy impresionante que se sigan vistiendo así. Lo triste es que cuando los europeos llegaron aquí, llamaran al lugar Papúa Nueva Guinea,y era por el hecho de que los encontraban negros y llamaron al lugar así, en referencia a los países con el mismo nombre en la zona africana, de la trata de esclavos, puesto que además, una guinea suponía el precio de un esclavo de la época. Ellos pensaban encontrar una región de esclavos y se perdieron gente magnífica, siempre sonriendo, aunque con una tranquilidad para todo que supera con creces a la ya vivida en el Caribe!
Por otra parte, hoy he reencontrado a Santi y ha sido por casualidad. Él no me contestaba por facebook, por sus razones y yo ya estaba dispuesto a irme a Wamena, cuando lo he encontrado de casualidad mientras iba en un autobús recién aterrizado mi avión desde Makassar. Le he gritado al conductor que parara y me he ido a darle un abrazo. Los dos estábamos contentos, y en seguida nos hemos puesto de acuerdo para irnos juntos unos días de viaje. Y mañana inicio un treking con él, en mitad de la selva. Lo vamos a hacer solos, porque no hay pérdida, y porque los guías son aburridos y estaremos unos cinco días dando vueltas. Así que no escribiré, pero os lo cuento todo a la vuelta.
Estamos en el Ballem's Valley, que es un lugar muy extraño en medio de la región de Papua, en Indonesia. Hay montañas rodeando este valle, de entre 4700 metros, o incluso una de 5030. Wamena por su parte, está a 1500 metros de altitud, lo que se traduce en que en la ciudad, hay malaria, pero que cuando salgamos de aquí, cada vez habrá menos, porque el anofeles no puede vivrir por encima de los 2500 metros, pero además, cuanto más se sube, menos mosquitos hay.
En fin, estoy muy emocionado, porque mi viaje comienza por fin, y porque me dejo ya de lado aeropuertos y esas torturas. A partir de mañana comienza lo bueno, lo fantástico, pero eso ya os lo cuento bien pronto. Por el momento, voy a ocuparme de disfrutar de este planeta marciano, que acabo de encontrar.

Buenas noches y buena suerte :)

martes, 12 de julio de 2011

Morfeo, Santi y aviones que no despegan

Son las 19:43 hora local, y la 13:43 en vuestro mundo y me he tirado todo el santo día durmiendo. El caso es que anoche, a eso de la 1 (hola local), me dirigía a hacer mi facturación, cuando vi que el avión que yo tenía que tomar no estaba notificado en los paneles de salida y pensé que era extraño, pero de algún modo supe a ciencia cierta ya en ese momento, que mi avión no iba a salir, y que sólo tenía que averiguar por qué. Tras ir a información, me mandaron a las oficinas de “Batavia air” -sí, voy a volar con eso- y allí me informaron de que el día 3 de julio me habían llamado una vez, sin respuesta. Entonces les expliqué que a mi nadie me había llamado, y ellos me dieron como excusa que mi número no era el bueno, yo les decía que sí, pero que ¡oh, progreso! en los números de teléfono hay que incluir prefijos. En resumidas cuentas, me ofrecieron una noche de hotel, con comidas pagadas y traslado del hotel al aeropuerto y viceversa para volar al siguiente día a la misma hora. Yo les ofrecí que me trasladaran a otra empresa, sin ningún resultado y ahora me encuentro aún en Udang Padang sin haber visto aun demasiado. 


Llegué al hotel a eso de las 2 de la madrugada y pensé aquello que decía mi tío de “visto el melonar, visto el melonero” cuando me decía que el taller había que tenerlo limpio para cuando íbamos a las casas, que el cliente pensara que éramos tan limpios como en el taller. El caso es que la oficina de Batavia air, no la limpiaban ni por error. Estaba sucísima: con rayajos por la pared, todo desordenado, un oficinista durmiendo por el suelo, pero el hotel al que me llevaron, el “Darma Nusantara II”, está de verdad muy limpito y seguramente me han dado la mejor habitación de hotel que tendré en todo el viaje. 

A menudo pensamos, que un día perdido en un viaje, es un día de menos y como decía Javier Pérez Reverte en sus viajes por África, un día perdido es siempre la oportunidad de otras cosas. De hecho, en viaje hay que olvidar que el tiempo existe, ya que no es sólo la mejor manera, sino la única, de disfrutar un viaje. Tu tiempo ya no debe medirlo el reloj sino las pulsaciones del viaje: un tiempo verdaderamente humano, el tiempo de las sensaciones. Entonces, si un día no podemos tomar un avión, no debemos pensar un día menos, debemos ser positivos, porque perderemos muchos del mismo modo, y pensar qué podemos ganar. Yo pensé que era la oportunidad de visitar Makassar (no lo he dicho pero llamamos indistintamente Udung Padang y Makassar a esta ciudad), pero me he dado cuenta de que a decir verdad, primeramente, me encuentro a 24 km del centro en un lugar donde no es precisamente fácil quizá llegar, porque estoy al lado del aeropuerto. En segundo lugar, cómo le explico a alguien dónde estoy exactamente, me daba miedo tener que acabar pagando un taxista que me cobrara un precio desorbitado por volver, porque este no es un lugar que conozca mucha gente. De todas formas, la ciudad sólo tiene un fuerte holandés, que no sé hasta qué punto debe de ser interesante. Si hubiera estado en el centro, hubiera ido a verlo, y de todas formas, me propuse ir a verlo después de comer. Pero esta mañana me levanté y fui a desayunar que es la única comida que al final me pagaban y había huevos con arroz y té -bienvenido al sudeste asiático, donde casi no se come azúcares. Comí, porque hay que forzarse a comer aunque no nos apetezca y tomar horarios y costumbres locales, y quería ir a mirar un poco mis mails y escribir mi blog esta mañana. El caso es que mientras escribía y contestaba mails me daba cuenta de que mi cuerpo no había descansado lo suficiente, a veces lo respeto muy poco y lo he maltratado mucho con tanta falta de sueño. Incluso ahora que escribo, sigo estando muerto de sueño. En fin, que no he reunido las fuerzas para salir a ver la ciudad y que me he quedado dormido como si no existiera el mundo. Una pesada losa cayó sobre mí. 

Ahora que me levanto, me doy cuenta cuan importante es tomar somníferos en los aviones de larga distancia, porque es importante preparar tu cuerpo para el lugar en el que aterrizarás. Yo tenía y los olvidé en mi casa de Toulouse, pero a la vuelta compro uno y me tiro el viaje durmiendo, para que cuando me despierte, aunque todo parezca extraño yo por lo menos, esté descansado para afrontar la jornada que empiece. Estaré confuso, pero no cansadísimo, como ahora estoy. De hecho, sigo teniendo las solas ganas de volver a la cama y esto ya pierde toda lógica porque son las 14 horas en vuestras casas y las 20 horas aquí. Espero dormir en el avión a Jayapura entre las 2:45 y las 7, hora en la que llego. Una cosa de la que me doy cuenta, por cierto, es que los aviones siempre me hacen dormir. Me duermo en todos los trayectos de avión y eso que nunca consigo dormir en un tren. 

La única noticia positiva del día, y esta es genial, es que el año pasado, en Myanmar, encontré a un vallisoletano majísimo llamado Santi, un tipo de unos 50 años, muy peculiar y con un desparpajo que da envidia. Uno de estos personajes que sabe atraer a la gente y que le escuchen cuando habla y da la coincidencia de que me cuenta que él llegaba hoy a Jayapura, a las 14 del mediodía. Entonces nos vamos a encontrar en los sitios más diversos y dispares posibles. De Myanmar a Indonesia, me pregunto cuál será el siguiente. Me alegro mucho de que esté por aquí. Es siempre muy divertido viajar con él. 

Estoy verdaderamente excitado con la idea de llegar a Yajapura. La cultura allí dicen que es de lo más idiosincrásico del planeta con tipos que siguen vistiéndose con taparrabos, además la raciología es muy diferente, son bosquimanes -para que nos entendamos, menos chinos y más negros-, y cuando llamé a la embajada de Indonesia para preguntar para llegar aquí, me dijeron que es un poco como el país vasco del estado español. De hecho hay voces de independencia y a veces la cosa se pone ruda. Esta gente quiere vivir en sus siglos y me parece legítimo y escuchable. Algo que no es tan sugerente es que según me dijo un hombre que encontré ayer, mientras esperaba mi vuelo, las condiciones sanitarias son las peores de toda Indonesia y que debido a ello, hay proliferación de Malaria. En efecto, el anofeles, el mosquito que transmite la enfermedad se cultiva en aguas estancadas, y en todo el sudeste asiático, son muy cuidadosos en hacer que el agua fluya, justo por eso. En Myanmar o Tailandia, no hay casi mosquito y de las grandes ciudades está erradicado, pero no en Papúa, que es seguramente el lugar donde voy donde seguramente más hay. De todas formas, llevo un buen spray anti mosquito y me pondré sobretodo la noche, pero también seguramente de día, pese a que el mosquito sólo pica de noche y en el día va a dormir. En realidad, no es tan peligroso como parece y de verdad los spray antimosquitos son muy potentes. Cuando te pones, no se te acerca ni un sólo mosquito. Hay que tener cuidado cuando te mojas, y ponerte de bueno, pero es difícil que un mosquito se acerque si tienes puesto este potentísimo spray antimosquitos que llevo. En fin, como decía Castaneda sobre los rituales chamanes, que tenían que ver con drogas, las drogas hay que tomarlas con respeto pero sin miedo, y yo tomo esta frase para mis viajes, que hay que viajar con respeto, pero sin miedo, con precaución, pero que el miedo no te paralice a hacer nada. Y algo magnífico es que me voy a una jungla, la más espesa donde seguramente jamás estuve...

bueno, son las 20:30 ahora mismo, y tengo hambre, así que os dejo aquí, voy a comer seguramente arroz, para variar y ya vuelvo a molestaros en otro momento. Que la rueda de la fortuna gire a nuestro favor, amigos míos ;)

domingo, 10 de julio de 2011

Las mil y ninguna noches

Como muchos de vosotros sabéis, me he vuelto a marchar de viaje, para variar. Creo que algún día viajar debería de convertirse en lo que hago, porque en realidad estoy hecho para esto. Me encanta. Este año, mi destino es otra vez el sudeste asiático, pero este año voy un poco más hacia el sur. Este año voy a pasar por Malasia, Brunei y Singapur, pero ante todo, voy a estar cuarenta y dos días en Indonesia. Como el año pasado parece que gustó y a mi me gustó también re-leerme, este año como el pasado voy a escribir aquí la historia de lo que haga. Este año, como el pasado, espero que os guste, pero este año, a diferencia del pasado, espero que me escribáis de vez en cuando, me preguntéis cosas, me animéis a seguir escribiendo. No podéis imaginar qué alegría da saber que alguien lee lo que escribes, qué ánimo. Ya no te sientes sólo frente a tus letras y se llenan de vida del algún modo extraño y precioso.

Mi viaje no comenzó hoy, comenzó ya no sé cuándo, hace un día o dos ¿? El caso es que llevo un descontrol horario total. Ayer mismo estaba en París, quiero decir, hace unas doce horas. Estuve con un primo mío muy interesante, y con Roque por la noche, no menos interesante. Los dos llenos de vida. A mí me sorprendió de París la variedad raciológica (que no racial). Ya había estado, pero no me acordaba de la cantidad enorme de migración que hay. En algunos momentos, costaba encontrar caucásicos, en un país tradicionalmente caucásico, y en realidad es impresionante, y se respira ese aroma del centro de un imperio tan grande como fue el francés, y que sigue siéndolo, claro, aunque ahora financieramente. Sorprende también lo estrecho de los sitios. Hay tanta gente, que se han acostumbrado a vivir muy apretados. Los bares están llenos, las calles están llenas y a mí me da algo de agobio, nunca me he acostumbrado a los sitios tan grandes. Sin embargo, pese a que vivir, seguramente debe de ser muy caro, desplazarse y la comida no es tan tan cara como en Inglaterra, que me parece todavía uno de los lugares menos habitables que jamás encontré.
Estuve pocas horas, y algo curioso que vi es que frente a la residencia donde me acogía, porque vive, Roque, había una paraeta con libros de "Le petit Prince" en muchas lenguas distintas. Los que me conocen saben que los colecciono, en todas las lenguas posibles. Alguien me regaló una vez un ejemplar y se lo agradeceré siempre porque este libro me parecerá siempre magnífico. Como esa persona me escribió en la dedicatoria, es un libro que conlleva mucha reflexión y que se puede admirar y aprender algo teniendo muy pocos años o teniendo muchos. Por un momento, pensé comprar los que no tenía, pero entré en razón y no lo hice. 50 días arrastrando un capricho pesado no es muy cuerdo ¡Quizá a la vuelta!
Lo cierto también es que mientras os escribo, me descubro con un sueño increíble. Estoy en un Starbucks en el aeropuerto de Kuala Lumpur, esperando un vuelo que saldrá dentro de 6 horas, donde me podía conectar a internet, y vengo de hacer 12 horas y media de asfixiante vuelo, con Air Asia, que para que nos entendamos, es algo así como pasar 12 horas en un avión de Ryan Air. poca comida, mucho ruido, no mucha comodidad, y se paga hasta por respirar. De hecho, ponen la climatización a toda potencia y casi te obligan a comprar el kit de comodidad, que incluye una manta, pero cuesta 9€, porque hace un frío increible y creo que es aposta: jamás tuve tanto frío en un avión.
Me di cuenta también de que todos los franceses que iban en el vuelo, llevaban una guía que incluye solamente Bali y Lombok (dos islas del archipiélago indonesio), que deben ser seguramente las más turísticas y donde cada vez tengo menos ganas de ir: eso sería París, segunda parte. Otra cosa que me sorprendió de nuevo, fue una sensación que ya sentí el año pasado viniendo al sudeste asiático: es ese calor húmedo que sientes al salir del avión y que a todo el mundo molesta salvo al lagarto que soy, que en cuanto empieza a hacer calorcito ronroneo como un gato. Pero además oler esa olor a húmedo caliente, para mi es genial. Es de verdad como estar en otro mundo, ya sólo respirando. Simplemente con respirar este aire, ya me sentiría aquí. Por otra parte, y por qué no decirlo, las chicas asiáticas siguen estando tan y tan guapas como siempre ^^
Para acabar este primer post, y en referencia a mi título, me he dado cuenta de que volábamos hacia la noche, como si la cazáramos y en fin la hemos cazado y la hemos matado, porque llegamos hacia la noche y la dejamos atrás. Cuando he llegado a Kuala, eran las 6 de la mañana hora local, y serían las 12 de la noche en Europa, así que este día ha sido un día sin noche, y entre lo cansado que estoy y todo el tiempo que me queda por esperar, me voy a ir durmiendo de silla en silla de este aeropuerto. Mi siguiente vuelo va a Makassar, a la 13:40 y luego a las 2 de la mañana vuelo a Jayapura. Un poco masoca, sí, voy a llegar rebentado, pero sarna con gusto no pica, como dicen, ni aunque vivas en un día al que le robaste la noche...

Hasta pronto! :)